Octavio Sevillano Sevillano
Sacerdote (1936-2015)
Nacimiento: Cubo de Don Sancho (Salamanca), 2 de julio de 1936
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1952
Ordenación sacerdotal: Salamanca, 18 de marzo de 1962
Defunción: Arévalo, 6 de octubre de 2015
Octavio nació en el pequeño pueblo salmantino del Cubo de Don Sancho, en el seno de una familia sencilla y religiosa. Tenía un tío sacerdote salesiano, misionero, que sin duda influyó en su vocación.
Realizó con normalidad la formación previa al noviciado en el aspirantado de Arévalo e hizo el noviciado en Mohernando en el curso 1951-1952. Su primera profesión fue el 16 de agosto de 1952, pasando inmediatamente a realizar sus estudios de filosofía unos meses en el colegio de San Fernando de Madrid y el resto en el recién estrenado colegio de Guadalajara. Terminados los años del tirocinio práctico, pasó a Carabanchel Alto para estudiar teología, pero, al ser trasladado el teologado de Carabanchel Alto a Salamanca, el cuarto curso lo realizó en Salamanca y allí fue ordenado sacerdote el 18 de marzo de 1962.
De frágil condición física pero de fuerte constitución interior, se puede decir que fue siempre un hombre activo, comportándose con gran sencillez como salesiano, sacerdote y amigo de los jóvenes.Y sobre todo, era un hombre espiritual, profundamente de Dios. Él solía comentar una imagen evangélica que decía haber tomado del famoso cura de su pueblo, el doctor don Marcelino Legido, que decía que Jesús rezaba en el camino (en medio de sus tareas y afanes apostólicos) y al borde del camino (en sus momentos de soledad, sus noches de oración).
Sus obediencias como salesiano sacerdote fueron variadas, destacando sobre todo su labor en las casas de formación inicial. Destaca su trabajo como párroco, sobre todo en Guadalajara, donde fue el primer párroco y estuvo durante 14 años, y en Soto del Real. Siempre supo, desde la parroquia, hacer surgir y alimentar con un cuidado acompañamiento personal y espiritual, a decenas de jóvenes comprometidos con su fe dentro de la Iglesia y de la Familia Salesiana. Entendió y vivió plenamente la dimensión juvenil.
Su último destino fue la comunidad y obra salesiana de Alcalá de Henares, donde, a pesar de su muy quebrantada salud, trataba con los chavales de los talleres profesionales de las Naves y con los jóvenes que estaban en el parque cercano, interesándose por su vida y convirtiéndose en su «amigo cura». Era intelectualmente inquieto, siempre pendiente de la problemática actual, sobre todo de los jóvenes. Para ellos escribió sencillos manuales, algunos publicados,
sobre temas referentes a su madurez personal y felicidad. Enfermo, tuvo que ser ingresado en la residencia de enfermos de Arévalo, donde murió el 6 de octubre de 2015, a los 79 años de edad.
Fue un hombre querido por todos, que dejó una honda huella de cariño en muchos de los que lo trataron. Sus restos mortales descansan en el cementerio de Arévalo.