Ignacio Sola Goñi
Sacerdote (1939-2017)
Nacimiento: Sangüesa (Navarra), 1 de agosto de 1939
Profesión religiosa: L’Arboç del Penedès, 16 de agosto de 1957
Ordenación sacerdotal: Pamplona, 24 de mayo de 1968
Defunción: Elche (Alicante), 6 de noviembre de 2017
Nació en Sangüesa (Navarra) el 1 de agosto de 1939. Fueron sus padres Luis, empleado del ayuntamiento, y Mar Cruz, ama de casa. Formaron una ejemplar familia de seis hijas, dos de ellas religiosas de San Vicente Paúl, y dos hijos, uno de ellos, Ignacio, sacerdote salesiano. Un tío de Ignacio fue sacerdote, organista de la parroquia. Ignacio creció en un ambiente modélico, afirmaba su párroco en su informe para el noviciado, «que le ayudó a observar siempre una conducta moral y religiosa no solamente buena, sino ejemplar, me ayudaba diariamente a misa». Y concluye: «Una conducta digna de la religiosidad de la familia a la que pertenece» (11 de julio de 1952).
Abandonó de niño su histórica villa de Sangüesa para hacer el aspirantado salesiano en el Tibidabo y después en Gerona. Hizo el noviciado en L’Arboç, donde profesó el 16 de agosto de 1957.
Estudió filosofía en Sant Vicenç dels Horts (1957-1958 y 1961-1962). El tirocinio práctico lo realizó en Valencia-San Antonio Abad (1958-1961 y 1962-1964). Los estudios de teología los cursó en Martí-Codolar (1964-1968) y recibió la ordenación sacerdotal en Pamplona, el 24 de mayo de 1968.
A Ignacio le venían los cargos de consejero escolástico y de administrador como anillo al dedo: a su porte serio y a su alta figura, se unía su aire de hombre de rigor y de orden. Así que desempeñó esas tareas con naturalidad y mesura.
Pero su áspera apariencia escondía un alma sencilla y un corazón de oro, que le valieron para ganarse la confianza y el afecto de cuantas personas le trataron. Sin artificios ni remilgos, Ignacio fue siempre un salesiano noble y entregado, cercano a los jóvenes y niños por quienes ofreció su vida, día a día en los colegios de Burriana (1968-1971), Alicante-Don Bosco (1971-1986), Elche-San Rafael (1986-1999) y Burriana de nuevo (1999-2007). Pasó después a la residencia de El Campello (2007-2011), atendiendo a los salesianos enfermos. Las enfermeras de El Campello lo recuerdan como «un salesiano afable y muy responsable, paciente y prudente».
En Elche-San José Artesano pasó sus últimos años, desde 2011 hasta el día de su fallecimiento. Su vida transcurría tranquila en el servicio a las tareas que la comunidad le tenía encomendadas, muy apreciado por alumnos, profesores y amigos de la obra salesiana ilicitana. Pero el ritmo de su vida se vio inesperadamente truncado a causa de una caída fortuita, cerca del hospital, que le postró en el lecho y que en pocos días lo llevó a la muerte, a sus 78 años de edad.
Ignacio fue muy apreciado dentro y fuera de casa, por su entrega a los alumnos en su labor educativa, a los grupos de Hogares Don Bosco en sus reuniones quincenales hasta bien entrada la noche, a la Asociación de María Auxiliadora (ADMA), a las familias amigas que contaban siempre con él para celebrar los principales acontecimientos familiares, su colaboración pastoral entre los jóvenes y en la parroquia…
Los testimonios de conocidos, llegados con ocasión de su muerte, coinciden en afirmar que «impresionaba por su figura de hombre serio, pero daba gusto hablar con él por su vivir sencillo, su respeto extraordinario, su saber estar y su constancia… Disfrutaba dibujando carteles alusivos y preparando carteleras para las capillas de la comunidad, San Rafael y colegios. Preparaba muy bien las homilías, que daba gusto escucharlas, signo de una profunda vida cristiana y religiosa. Era todo amor y caridad, de ahí le venía su esencia de educador salesiano».