Luis Soto Soto
Sacerdote (1909-1936)
Nacimiento: Itero de la Vega (Palencia), 25 de agosto de 1909
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 23 de octubre de 1932
Ordenación sacerdotal: 21 de mayo de 1936
Defunción: Madrid, 12 de diciembre de 1936
Había sido ordenado sacerdote el 21 de mayo de 1936. Su ardor por los estudios y su empeño constante por su formación minaron su fibra, no muy robusta; y al terminar sus estudios se le declaró una tuberculosis ya avanzada que exigió un remedio pronto y radical. A este fin se le envió a la casa de Mohernando, donde el especialista le prescribió reposo absoluto.
Los trágicos sucesos de julio le sorprendieron en la cama. El primer registro efectuado por los milicianos no le afectó; le permitieron permanecer en el lecho, considerando su estado. Pero no sucedió lo mismo cuando fueron trasladados a Madrid. Ingresó con la comunidad en la cárcel de Las Ventas.
Antes del reajuste de presos, permaneció en una celda con varios salesianos más durante 15 días. Él era el único sacerdote. Animaba a todos al buen comportamiento y se preocupaba de que las prácticas de piedad se cumplieran regularmente. Al final de la jornada les dirigía las Buenas noches. Su cuerpo desmoronado no podía más. El calor de los primeros meses mitigaba su malestar; pero el otoño en Madrid era castigador. Los primeros fríos recrudecieron la enfermedad. La falta de ropa de abrigo, la escasez de comida y su mala condimentación le iban reduciendo lentamente a un esqueleto ambulante. Se le veía enflaquecido, febricitante, necesitado de cuidados y sobrealimentación. Sin embargo, no se le prodigaron atenciones especiales.
Varias veces se hizo presente al médico la situación del enfermo. Todo en vano.
Al fin, la enfermedad se agravó y se le asignó lugar en la enfermería de la cárcel. Antes de ingresarle tuvo que someterse a la desinsectación. Le desnudaron y le friccionaron de pies a cabeza con vinagre y agua fría. El médico recluso que estaba al frente de los servicios de la enfermería obtuvo autorización para que uno de los hermanos velara constantemente a la cabecera del enfermo. Este permiso era contraria a los usos vigentes en la cárcel. Por su parte, el señor inspector y otros sacerdotes le visitaban con frecuencia. La presencia de los hermanos le infundía consuelo y le proporcionaba la facilidad de confesarse. Don José Arce le atendía como confesor.
Entregó su alma a Dios el 12 de diciembre de 1936, a los 27 años. Hacía siete meses que había sido ordenado sacerdote. Solamente celebró una vez el santo sacrificio. Esperaba con ilusión el día de su primera misa solemne en su pueblo natal. Pero Dios se lo llevó al cielo.