Timoneda i Perarnau, Josep María

Josep María Timoneda i Perarnau

Sacerdote (1963-2008)

Nacimiento: Bellpuig d’Urgell (Lérida), 20 de mayo de 1963
Profesión religiosa: Terrassa, 28 de agosto de 1982
Ordenación sacerdotal: Barcelona, 21 de mayo de 1994
Defunción: Konobougou-Bamako (Malí), 29 de marzo de 2008

Josep María, hijo de Lluis y Palmira, después de pasar su infancia en Belpuig d’Urgell (Lérida), donde había nacido el 20 de mayo de 1963, y donde hizo sus estudios primarios, los continuó como aspirante en el Tibidabo, Gerona y Mataró (1973-1981). Hizo en Terrassa el noviciado y su primera profesión el 28 de agosto de 1982. Realizó el postnoviciado en la comunidad de Sant Jordi (Horta) frecuentando Martí-Codolar para sus estudios filosóficos.

Hizo el trienio práctico en Sabadell, mientras estudiaba un máster en Biología en la Universidad de Barcelona. Estudió teología en Martí-Codolar y fue ordenado sacerdote en Horta el 21 de mayo de 1994.

Trabajó como educador en Terrassa, Sabadell, Mataró… donde destacó por su entrega en el trabajo con jóvenes y adolescentes, especialmente en las actividades deportivas. Tenía el título de entrenador nacional de baloncesto y balonmano.

Su intención de consagrarse a los más desfavorecidos le llevó a seguir su misión salesiana en África, a donde llegó en 1996, destinado a Abijan (Costa de Marfil). Allí se entregó al trabajo en el centro juvenil Village Don Bosco, prestando especial atención a los niños con dificultades del Foyer Magone. Fue consejero inspectorial (2004-2007) y en 2007 fue nombrado administrador de Bamako (Malí), donde el Señor le esperaba en la carretera que lleva a Bandiagara, cuando volvía a casa después de una salida comunitaria. Era el 29 de marzo de 2008. Tenía 44 años de edad.

El funeral tuvo lugar en la catedral de Bamako, presidido por el arzobispo monseñor Jean Zerbo, acompañado de una cuarentena de sacerdotes y de una multitud de fieles, salesianos, salesianas, cooperantes, Voluntarias de Don Bosco… Recordando a los otros salesianos fallecidos en Malí (Alberto Serrano y Valentín de Pablo), dijo el arzobispo: «No nos abandonéis, permaneced con nosotros, como los discípulos de Emaús le dijeron a Jesús. Malí os necesita, necesita de educadores por vocación, no mercenarios».

Ese mismo día, don Luis María Oliveras, acompañado del párroco de la catedral, partió con los restos de Josep hacia Barcelona. El 4 de abril la iglesia de San Nicolás de su pueblo Bellpuig d’Urgel resultó pequeña para contener la inmensa muchedumbre de familiares, amigos y salesianos que acudieron a darle el último adiós en una eucaristía presidida por el obispo de Solsona, monseñor Jaume Taserra, acompañado de monseñor Godayol y de Joan Codina y Manuel Jiménez, provinciales respectivamente de Barcelona y AFO, y más de 60 sacerdotes.

Tim (como era familiarmente conocido) era un hombre práctico, eficaz, con sentido del rigor en su modo de obrar, de fácil comunicación, a pesar de una cierta timidez. Su contacto con los jóvenes era fácil y fluido. Amante de su Cataluña natal y entusiasta del deporte y de la montaña, se distinguía por su equilibrio y entrega a los demás.

Como salesiano, era un hermano cercano y cordial, austero y sencillo, con gran sentido comunitario y apostólico, sensible a la misión entre los jóvenes, a los que se consagró con generosidad y dinamismo. Amante y entusiasta de África, fue para los niños de la calle del «Foyer Magone» de Abijan un verdadero padre, amigo y apóstol, pletórico de iniciativas y de afecto.