Torreño Illán, Luis

Luis Torreño Illán

Sacerdote (1919-1975)

Nacimiento: Madrid, 12 de octubre de 1919
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1941
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 29 de junio de 1950
Defunción: Logroño, 13 de abril de 1975

Desde muy niño frecuentó el colegio de Francos Rodríguez de Madrid. Y fue en él donde se despertó su deseo de ser un día salesiano. En 1933 comenzó sus estudios de latín en Carabanchel Alto. Hizo el noviciado en Mohernando, donde profesó y allí mismo hizo los estudios de filosofía. Salamanca primero y La Coruña después, fueron sus primeros campos de apostolado educativo salesiano. En 1946 inicia en Carabanchel Alto, los estudios de teología, al final de los cuales fue ordenado sacerdote el día 29 de junio de 1950.

Lugares pastorales, después de la ordenación sacerdotal, fueron: Vigo, El Royo (Soria), Zuazo de Cuartango, Barakaldo, Santander-Nueva Montaña, Urnieta, Logroño. Veinticinco años de intensa, abnegada y fructífera labor salesiana. En El Royo, Zuazo y Barakaldo trabajó como director, con celo, dinamismo y entrega total, y entre no pocas dificultades. Le tocó dirigir Zuazo en los años heroicos de su fundación.

La obra salesiana de Logroño le debe mucho y sabe mucho de su acrisolado espíritu de servicio. Le tocó iniciarla, tuvo que experimentar la soledad. Sin embargo, y ya desde entonces, supo ganarse el aprecio de no pocos, por su sencillez, espíritu abierto, celo infatigable, generosidad y simpatía personales, consiguiendo la colaboración entusiasta de grandes amigos de nuestra obra.

Durante su primera estancia en Logroño desplegó su celo, muy particularmente en el colegio de las madres escolapias. La madre Carmen, superiora de dicho colegio, dejó dicho: «En este período pudimos admirar y edificarnos con sus virtudes: su sencillez, su humildad, su pobreza, su mortificación… Tenía una ropa tan vieja que apenas se podía remendar, pero siempre decía: “Aún vale, somos pobres”. Todo le parecía bien. Jamás exigía nada».

Don José Luis Bastarrica, en el diario local del 18 de abril escribía así: «Sacrificado. Cuando alguien llegaba a una hora avanzada de la noche de algún viaje, don Luis le estaba esperando. Piadoso. Sus grandes ideales fueron: la eucaristía, María Auxiliadora y el reinado de Cristo en las almas mediante una intensa vida de gracia». Don Luis se nos fue en 24 horas, como quien dice, al pie del cañón y al servicio de sus hermanos. Cayó herido de muerte en las oficinas de Campsa, mientras gestionaba un asunto importante para la casa. La iglesia de los padres capuchinos se llenó espontáneamente de los alumnos de su querido colegio, los muchachos de los «Boscos» y las colegialas de las madres escolapias. Todos ellos tenían una deuda de gratitud con don Luis Torreño. En los tres campos precisamente desarrolló don Luis sus afanes apostólicos a lo largo de los 10 últimos años.