Antonio Valenciano Polack
Sacerdote (1921-2016)
Nacimiento: Sevilla, 28 de enero de 1921
Profesión religiosa: San José del Valle, 24 de octubre de 1939
Ordenación sacerdotal: Madrid-Carabanchel Alto, 22 de junio de 1947
Defunción: León, 15 de julio de 2016
Antonio Valenciano nació en Sevilla el 28 de enero de 1921. Sus padres fueron Federico Valenciano y Alicia Polack. Su formación inicial fue muy seria y selecta, destacando como uno de los alumnos más brillantes en los centros donde cursó estudios.
Hizo teología en Carabanchel Alto, donde fue ordenado sacerdote el 22 de junio de 1947. Desde ese año puede decirse que fue testigo privilegiado y protagonista activo de la evolución de la Congregación Salesiana en España.
Su preparación intelectual fue enorme y abarcó muchos campos: doctor ingeniero, informático, teólogo, filósofo… Dotado de una inteligencia nada común y una intuición científica fortísima.
Don Antonio sobresalió en todas las disciplinas científicas. Excelente profesor y formador de muchas generaciones de alumnos y de salesianos, con especial dedicación a la formación profesional, destacó también como investigador y creador de recursos didácticos. Fue uno de los primeros salesianos españoles en manejar el ordenador y divulgar su uso.
A su inteligencia le acompañaba un físico corpulento y ágil, condición que aprovecharía prácticamente hasta el final de sus días. Era la imagen viva del «sabio», en algunos aspectos incluso despistado y desarreglado. De él se cuentan numerosos despistes, que responden más al encumbramiento de su fama que a la misma realidad. Firme en sus convicciones, de enorme capacidad de trabajo, con la viveza e inquietud de querer siempre estar al tanto de todo y con un fino sentido del humor —era familiar del famoso humorista Tip—, como buen andaluz y bético.
Sabio también de Dios con dos amores privilegiados como salesiano: los coadjutores y las vocaciones. Don Antonio creyó profundamente en la vocación del salesiano coadjutor y trabajó durante toda su vida para promocionarles, dignificarles y valorar su aportación original. Se esmeró en su formación, y colaboró decisivamente en crear la primera generación de coadjutores de la inspectoría de Madrid formados profesionalmente con títulos civiles y capacitaciones oficiales. Su opción vital más importante fue el cuidado del seminario de coadjutores de Carabanchel, en el que derrochó esfuerzo e ilusión. Fue sin duda el sacerdote salesiano que más ha conocido, valorado y trabajado el carisma salesiano laico en la inspectoría de Madrid. Con el amor a la figura del coadjutor, se desvivió durante su larga vida por la animación y el cuidado de las vocaciones.
Paseó su autorizado magisterio por diversas casas: Estrecho, San Fernando, La Almunia de Doña Godina, la Universidad Laboral de Sevilla, Guadalajara, Pizarrales, Urnieta, Barakaldo, Pozuelo de Alarcón y, durante 20 años, en su querido seminario de coadjutores de Carabanchel.
Los últimos años de vida, fue peregrinando por diversas casas, prestando servicios complementarios: Urnieta, Domingo Savio, casa inspectorial de Madrid, Carabanchel de nuevo y siempre, sin perder su genio y su figura. Los dos últimos años los pasó en la casa de salud de León, disminuido físicamente, pero sin perder su capacidad de trabajo, su lucidez mental y su disposición de ser útil a los demás y siempre con la sonrisa bonachona en su cara.
Fue uno de los salesianos que dejó una huella muy marcada en la vida de los salesianos que lo trataron y en la marcha de la Congregación en España y por eso son muchos los que lo reconocen y han reconocido como figura excepcional por su gran labor educativa.