Joaquín Valle Ortiz
Sacerdote (1926-1985)
Nacimiento: La Cerca-Criales (Burgos), 12 de agosto de 1926
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 16 de agosto de 1943
Ordenación sacerdotal: Martí-Codolar, 28 de junio de 1953
Defunción: Huesca, 7 de septiembre de 1985
Nació en La Cerca-Criales (Burgos) el 12 de agosto de 1926. La familia tuvo que trasladarse a Pamplona por motivos laborales de su padre, técnico de Iberduero. Joaquín se identificó con su querida Pamplona y se consideró siempre pamplonica y navarro de corazón.
En 1939, a los 12 años, marchó al aspirantado de Astudillo y después a Sant Vicenç dels Horts para el noviciado y la primera profesión, celebrada el 16 de agosto de 1943. Le sigue el bienio filosófico en Gerona, el tirocinio práctico en Alicante y Burriana, los estudios de teología en Martí-Codolar (1948-1953) y la ordenación sacerdotal en 1953.
Estrena su sacerdocio en Alicante (1953-1958), donde entró en contacto con los antiguos alumnos, un apostolado al que no dejará de animar durante toda su vida. En 1958 pisa por primera vez la isla de Menorca y la que será su entrañable patria: Ciutadella. «Le conocimos y le quisimos, porque, tratándose de él, todo era uno y lo mismo» (Presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos). Su estancia en Ciutadella duró 15 años, en dos etapas.
Le siguen las casas de Reus, Rocafort, Sentmenat, director de la casa de La Meridiana en Barcelona, Huesca, el bienio 1972-1974 en Roma donde cursa estudios de espiritualidad. Vuelve a Ciutadella, su segunda estancia durante casi nueve años en la isla, de donde debe salir en 1984 camino de Huesca.
En Huesca, víctima de una larga enfermedad, fallecerá el 7 de septiembre de 1985, a los 59 años, pletóricos de vida salesiana, rodeado del cariño y la admiración de todos. Los funerales celebrados en Huesca, Pamplona y Ciutadella fueron una manifestación de aprecio y gratitud hacia el salesiano lleno de bondad, sabiduría y entrega generosa. «Fue un caballero y un buen religioso según el corazón de Don Bosco», comentaba un hermano de comunidad.
De carácter enérgico, decidido y algo reservado, era amable, servicial y huía de la superficialidad. Inteligente y dotado de buena voz y cualidades para la música, empleó todos esos dones para ofrecer un mensaje de fe y esperanza, en especial a los antiguos alumnos: «A nadie le faltaba una buena palabra, un cariñoso saludo, un buen consejo».
Profundamente conocedor de la vida y espiritualidad de Don Bosco, supo inculcar en la isla la devoción a María Auxiliadora. Fiel a esta devoción mariana, tan arraigada en la isla, promovió la publicación Nuestro Auxilio, que llegaba a todos los hogares de Ciutadella, la ciudad de María Auxiliadora.