José Vidaurre Ganuza
Sacerdote (1920-2009)
Nacimiento: Muez (Navarra), 20 de marzo de 1920
Profesión religiosa: Chieri-Villa Moglia (Italia), 14 de septiembre de 1936
Ordenación sacerdotal: Santiago de Chile, 1 de diciembre de 1946
Defunción: Pamplona, 28 de enero de 2009
Los salesianos habían llegado a Pamplona en 1927. José tenía 7 años y pronto fue ganado por la causa de Don Bosco. Con apenas 10 años, junto con su hermano Javier, ingresaron en el seminario salesiano de Astudillo, que los acogió y abrió su mente a la aventura misionera. De aquí marchó a Italia, a Chieri-Villa Moglia, donde hizo el noviciado, profesando como salesiano el 14 de septiembre de 1936. Inmediatamente fue enviado a Chile. En Chile continuó sus estudios de filosofía y de teología, recibiendo la ordenación sacerdotal, junto con otros 12 compañeros, en el instituto teológico Don Bosco, de Santiago de Chile-Cisterna, el día 1 de diciembre de 1946.
Después de la ordenación, los primeros lugares de su acción pastoral-sacerdotal salesiana fueron las casas de El Patrocinio y Valparaíso.
Desempeñando el cargo de administrador, estuvo en Telca (1959), en Santiago (1963), en San José (1967), en La Serena (1968) y en Concepción (1959). También fue destinado a Punta Arenas y de nuevo al liceo San José y La Serena.
En 1950, después de 14 años en Chile, regresó a Navarra, para visitar a su familia. Volvería otras tres veces a España, en 1959, 1970 y, definitivamente, en 1978, incorporándose a la inspectoría de Bilbao.
Fue destinado a Urnieta como administrador. Pasados cinco años el director de Urnieta, don Hilario Santos, fue nombrado director de la casa de Pamplona y se lo llevó consigo como ecónomo de la misma, donde vivió durante 25 años.
Fue un salesiano cordial y cercano en el trato, con una gran dosis de humanidad y de comprensión, paciente y alegre en la vida comunitaria y de amistad con los más cercanos, amante de su tierra y de sus costumbres, disponible para acompañar en la enfermedad a quien necesitara su ayuda o para conseguir una cita médica en situaciones difíciles.
Como ya lo hiciera en Urnieta, también en Burlada se ofreció al párroco para lo que hiciera falta. Y mantuvo su disponibilidad durante 25 años. Y así fueron llegando sus últimos días. Hasta el final se pudo valer por sí mismo. Quitaba importancia a las molestias que pudiera sentir. Siempre decía que «estaba bien», que solo tenía un «dolorcito» que pronto se pasaría. La última semana estaba feliz porque descansaba mejor por la noche… Y en ese descanso continuado pasó a la casa del Padre el 28 de enero de 2009, en medio de los preparativos de la fiesta de San Juan Bosco. Tenía 88 años.