Tomás Vidondo Sobejano
Coadjutor (1924-2002)
Nacimiento: Peralta (Navarra), 18 de diciembre de 1924
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 20 de agosto de 1942
Defunción: Zaragoza, 26 de noviembre de 2002
Nació en Peralta (Navarra) el 18 de diciembre de 1924. En su familia surgieron dos vocaciones a la vida salesiana, la de Tomás y la de su hermana Nieves, salesiana.
En plena Guerra Civil, la Diputación Foral de Navarra promovió becas para estudiar formación profesional en los salesianos de Pamplona. Tomás fue uno de los beneficiarios, por lo cual pudo cursar estudios de mecánica de 1937 a 1941. Allí se enamoró del carisma salesiano y de aquellos hombres que hacían vida de frailes pero que se entregaban totalmente a la juventud en los talleres, en la escuela, en los deportes, en el teatro, en la iglesia…
Y marchó al noviciado de Sant Vicenç dels Horts, donde el 20 de agosto de 1942 hizo su profesión religiosa como coadjutor. Ya salesiano, fue destinado a Barcelona-Sarrià, donde realizó dos cursos de perfeccionamiento en mecánica.
El día 24 de septiembre de 1951 hizo la profesión perpetua en Sarrià.
El 28 de diciembre de 1951 alcanzó el título de Perito Industrial Mecánico por la escuela de peritos Industriales de Barcelona. Muchos años después, el 18 de febrero de 1985 se le otorgó el título de Ingeniero Técnico en Mecánica por la escuela universitaria de ingeniería técnica industrial de Barcelona, expedido en Madrid.
En 1955 se embarcó como misionero rumbo a Uruguay, donde permaneció hasta 1960.
Vuelto a España, fue destinado a la escuela sindical San Vicente Ferrer de Valencia (1960-1962) y luego a Zaragoza durante un año. Su siguiente destino, y definitivo, fue La Almunia de Doña Godina, donde permanecerá 39 años, hasta su muerte.
En la escuela de formación profesional, casa de formación para salesianos coadjutores, y en la escuela de ingeniería técnica fue profesor y formador de muchas hornadas de jóvenes salesianos. Muchos salesianos coadjutores de toda España lo tuvieron como profesor y formador.
Se identificó plenamente con la vocación del salesiano coadjutor, lo que le llevó a integrarse en los más variados ambientes, allí donde la misión juvenil le reclamó, y le llevó a superar el ámbito propiamente profesional y técnico. Entendió que su labor educativa tenía que ir más allá. Fue un asistente incansable, confidente de los jóvenes, buen religioso, hombre de oración, siempre dispuesto a la colaboración… Inició a los estudiantes en el manejo de nuevos programas informáticos, animó el deporte, asistió a los comedores, acompañaba a los internos a sus casas los fines de semana, participaba en las sesiones formativas, estaba al tanto de las corrientes por donde se movían las nuevas ideas de la Iglesia y de la Congregación.
Entusiasta de la vocación del coadjutor, participó en capítulos inspectoriales, así como en comisiones inspectoriales y nacionales en torno al tema del coadjutor salesiano, tema que siempre le apasionó. Elegante y siempre bien aseado, profesional en constante renovación, fue para muchos modelo del nuevo salesiano coadjutor, moderno, culto y fiel a los permanentes valores salesianos. Don Miguel Asurmendi, exinspector de Valencia y obispo de Vitoria, que le conocía bien, decía en su mensaje de condolencia: «Bien merecido descanso para quien ha dado tan buena talla como salesiano coadjutor».
Su labor educativa quedaba iluminada por una forma de oración sencilla, pero sincera, fiel y puntual siempre a los actos comunitarios.
Publicó y colaboró en numerosos libros de texto de su especialidad: Tecnología mecánica, Dibujo industrial, Máquinas, editados por EDEBÉ Barcelona.
El 22 de diciembre de 1999 recibió el nombramiento de Socio de Mérito del colegio Oficial de Ingenieros de Aragón. Por algún tiempo aceptó el cargo de inspector de colegios de formación profesional dependientes de la Iglesia.
Después de haber superado durante unos meses con gran fuerza de voluntad los efectos de un infarto cardíaco, falleció en el Hospital Miguel Servet de Zaragoza el 26 de noviembre de 2002, a punto de cumplir los 78 años de edad.
En La Almunia, primero, y en su pueblo de Peralta, después, recibió en un solemne funeral el homenaje de los numerosos antiguos alumnos y amigos venidos de muchas partes de España que arroparon a la comunidad salesiana y a su familia en el último y merecido adiós a quien, como Don Bosco, entregó su vida educando a tantos jóvenes sirviéndoles con amor y sencillez.