Viñas Pérez, Guillermo

Guillermo Viñas Pérez

Sacerdote (1879-1956)

Nacimiento: Aínsa (Huesca), 10 de febrero de 1879
Profesión religiosa: Sarrià, 18 de marzo de 1895
Ordenación sacerdotal: Sarrià, 15 de marzo de 1902
Defunción: Sarrià, 13 de marzo de 1956

El padre Viñas ha sido una de las figuras de vanguardia y una de las estrellas de primera magnitud en el cielo de la España salesiana.

Nació el 10 de febrero de 1879 en Aínsa (Huesca). Al quedar huérfano muy pronto, su hermano sacerdote se hizo cargo de él y lo ingresó como alumno interno en Sarrià (1990-1993). Desde el primer momento el ambiente salesiano le ganó para siempre. A los 14 años ya vestía sotana y al año siguiente comenzó el noviciado que culminó con la profesión religiosa el 18 de marzo de 1895.

Estudió filosofía en Sarrià (1895-1996), mientras daba clase a los chicos, destacando por su simpatía y temple de artista. Trabajó después en Rocafort como maestro de música. Allí formó un orfeón con los alumnos de las escuelas nocturnas y los socios del círculo obrero Don Bosco. Hizo teología en Sarrià (1899-1902) y se ordenó de sacerdote el 15 de marzo de 1902.

Ya sacerdote, fue por un año consejero en Rocafort y otro en Ciutadella, donde al año siguiente sería nombrado director (1904-1910). Después fue destinado como director a Valencia-San Antonio (1910-1920) y posteriormente ocupó los cargos de inspector de la inspectoría bética (1920-1926), consejero inspectorial y director de Sarrià (1926-1934), director de Pamplona (1934-1943) y de Huesca-San Bernardo (1943-1949). Finalmente volvió a Sarrià (1949-1956), donde murió el 13 de marzo de 1956, a los 77 años.

Fue un hombre que rompió moldes, de una simpatía arrolladora y salesiano por los cuatro costados; al mismo tiempo «tenía una bondad tal, que arrebataba el corazón del más pintado», aseguraba un antiguo alumno de Pamplona.

Siendo director de Ciutadella, extendió la devoción a María Auxiliadora por toda la isla de Menorca.

Una de sus épocas más gloriosas fue la de Valencia, donde levantó el edificio de la calle Sagunto en un año, por lo que mereció ser conocido como «el colegio del milagro». Cambió el ritmo colegial con nueva metodología y lo llenó de actividades postescolares, llegando en poco tiempo a los 1.000 alumnos. Difundió por doquier la devoción a María Auxiliadora, organizó festivales gimnásticos, creó equipos de fútbol (célula madre del actual Valencia C. F.). Entusiasta admirador de Domingo Savio, levantó en el claustro el primer monumento dedicado al joven discípulo de Don Bosco.

Siendo inspector de la bética, se celebró el primer congreso nacional de antiguos alumnos, se formó la federación nacional de antiguos alumnos salesianos y se creó la revista Don Bosco en España, como órgano de dicha federación.

En su etapa como director de Sarrià llevó todo esto a su apogeo. Lo mismo que en Pamplona, donde dio un impulso notable a la devoción a María Auxiliadora, inflamó con su celo vigoroso la Asociación de Antiguos Alumnos, y organizó el oratorio festivo con una catequesis muy activa.

Cuando en 1949 volvió a Sarrià, se encontraba enfermo y necesitado de reposo; pero se repuso gracias a la tranquilidad y al cuidado solícito de los hermanos. Se le eligió como confesor de la comunidad y de otras varias instituciones religiosas

En 1952 recibió la Gran Encomienda de Alfonso X el Sabio como reconocimiento a su labor en el campo de la pedagogía salesiana, una calle de Valencia lleva su nombre.