Zoccola, Honorato

Honorato Zoccola

Sacerdote (1876-1917)

Nacimiento: Acqui-Alessandria (Italia), 6 de febrero de 1876
Profesión religiosa: Valsalice-Turín, 3 de octubre de 1893
Ordenación sacerdotal: Barcelona, 17 de diciembre de 1898
Defunción: Madrid, 24 de agosto de 1917

Fue alumno del colegio de Penango y de Turín-Valsalice (Italia). Hizo el noviciado en 1892-1893 y al terminarlo, sin pasar por los votos temporales, hizo la profesión perpetua. Con esa preparación vino a España en 1894. Era joven como para poder asimilar la cultura del nuevo ambiente y adaptarse a él. La misma táctica que se seguía con los misioneros. Hizo el trienio en Sarrià y en Sant Vicenç dels Horts. Se ordenó sacerdote en 1898 y trabajó todavía como catequista en Sarrià. En 1902 fue elegido para ocupar el cargo de director del colegio salesiano de Vigo, al frente del cual estuvo 13 años. Joven como era, activo, bondadoso y simpático, se hizo popular y querido de todos. Propagó profusamente la devoción a María Auxiliadora. En 1915 fue nombrado director del noviciado de Carabanchel Alto.

A finales de julio de 1917 fue a hacer ejercicios a Sarrià. Cuando volvió, cayó enfermo de nefritis, que padecía crónicamente, y alguna otra complicación del corazón; tuvo que guardar cama breve tiempo, pues fue sumamente rápido el proceso de su dolencia. El prestigioso periódico madrileño El Debate publicó la reseña de su muerte. Entre otras cosas escribía: «Víctima de una afección cardiaca baja al sepulcro en plena juventud, tenía 40 años, este benemérito hijo de Don Bosco, que reuniendo a una gran cultura y una sólida virtud un inimitable don de gentes, era una gran esperanza de la orden salesiana, en la que ocupaba ya altos cargos desde los 25 años […]. La muerte del Rvdo. P. Honorato Zoccola será sinceramente sentida en Vigo y en Madrid, ciudades en que un afable trato granjeole numerosísimas amistades. Con él pierde la orden salesiana uno de sus más distinguidos hijos; gran filólogo y miembro del consejo de la provincia céltica salesiana».

Don Honorato fue, en efecto, una figura humanamente interesante y como religioso, un verdaderamente modelo.