Peña Gómez, Quintiliano

Quintiliano Peña Gómez

Coadjutor (1940-2019)

Nacimiento: Castellanos de Castro (Burgos), 13 de abril de 1940
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1959
Defunción: Madrid, 21 de octubre de 2019

Quintiliano, Quinti como familiarmente era llamado y firmaba sus producciones artísticas, nació en Castellanos de Castro del 13 de abril de 1940. Hijo de Elías y Agustina, labradores de un pueblo pobre en habitantes y rico en valores, aprendió desde niño a trabajar duramente y a aceptar los acontecimientos, prósperos y adversos, como venidos de la Providencia, que siempre quiere lo mejor para nosotros. Avispado, alegre y fino observador de cuanto le rodeaba supo gozar de la vida y ver siempre con optimismo el lado positivo de las personas y de las cosas. Su pueblo y su familia fueron siempre objeto de afecto y de recuerdo. Oyéndolo hablar parecía que todo lo extraordinario había sucedido en su minúsculo pueblo. También él para sus paisanos y, sobre todo, para sus familiares, Quinti fue un ser muy recordado y querido ¡Qué admirable ejemplo de afecto dieron sus sobrinas durante la larga enfermedad de su tío!

Quinti, después de haber realizado sus estudios de prenoviciado en Arévalo, marchó a Mohernando para hacer el noviciado. Allí hizo su profesión religiosa el 16 de agosto de 1959. La formación del posnoviciado la realizó en Guadalajara.

Su primer destino fue el colegio de huérfanos del San Fernando en Madrid, donde permaneció ocho años, especializándose en trabajos manuales. Artista por naturaleza convirtió los trabajos manuales en un arte. Este arte, unido a su buen carácter y su gracejo expresivo, lo convirtió en un extraordinario instrumento pedagógico, que le ganó la simpatía y el afecto de todos los que tuvieron la suerte de tenerlo como maestro.

Pocas fueron las casas donde ejerció su arte y todas en Madrid, prueba evidente de lo bien aceptado que era en todas las comunidades donde la obediencia lo destinaba: San Fernando de 1964 a 1972; Ferroviarios de 1972 a 1984; Atocha de 1984 a 1988; Estrecho de 1988 a 2001; Ciudad de los muchachos de 2001 a 2016 y finalmente, y ya enfermo de cáncer, la Procura de las Misiones de 2016 a 2019.

Junto a su docencia normal en las casas donde residía, ejerció como profesor de manualidades en el CES Don Bosco, donde generaciones de alumnos salidos de él lo apreciaron como enseñante y lo quisieron como amigo.

Digna de destacar es su labor en los campamentos de verano. Ideal como dirigente, incansable acompañante en las excursiones, indispensable colaborador en los trabajos de campo.

Como buen trabajador y artista colaboró, junto con otros compañeros de fatigas, en la preparación y adecentamiento de varias de las residencias estivas que los salesianos tienen para concentraciones de grupos de jóvenes: La Cabrera, La Adrada, Mataelpino. En todas ellas ha dejado muestras de su arte.

Enfermo de cáncer vivió los últimos años de su vida en la Procura de la Misiones salesianas, donde, además de dar colorido con sus pinturas en las fiestas y en las efemérides del personal, impresionó a todos por su alegría y optimismo y por la manera increíblemente positiva de llevar la enfermedad. Se prestó incluso generosamente para que los médicos experimentaran en él nuevos tratamientos contra el cáncer. En los muchos momentos que tuvo que ser hospitalizado se ganó inmediatamente la simpatía de todo el personal sanitario.

Desahuciado por los médicos, su vida de alargó más de lo previsto y él soportó esa larga agonía de manera ejemplar; consciente, pero sin pena; nunca se le oyó una queja ni tuvo hacia nadie un mal gesto, al contrario, aun en los momentos que ya no podía hablar daba señales de agradecimiento a cuantos se acercaban a él para saludarlo.

Asistido en todo momento por sus sobrinas y por los miembros de la comunidad murió serenamente en la unidad de cuidados paliativos de la Fundación San José de los Hermanos de San Juan de Dios. ¡Descase en paz!