Antonio Garrido Melgar
Sacerdote (1923-2001)
Nacimiento: Arriate (Málaga), 27 de diciembre de 1923
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1940
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 24 de junio de 1951
Defunción: Sevilla, 21 de marzo de 2001
Nació en el malagueño pueblo de Arriate. Cuatro años en el aspirantado de Montilla le preparan para el noviciado de San José del Valle, donde hace el noviciado y la profesión temporal el 16 de agosto de 1940, seguidos del bienio de filosofía. El trienio de prácticas lo vive entre Arcos de la Frontera y Écija. Para estudiar teología se traslada a Madrid-Carabanchel Alto (1947-1951), donde recibe el presbiterado el 24 de junio de 1951.
Ya sacerdote, desempeñará las labores de maestro, asistente, consejero, coordinador de pastoral, administrador o párroco en las casas de Campano, Alcalá de Guadaíra, Mérida, La Línea de la Concepción, Cádiz, Sevilla-Triana, San José del Valle y Rota. En Jerez de la Frontera se le presenta en toda su crudeza la enfermedad que termina con cualquier posibilidad de un trabajo activo.
Antonio fue un enamorado de la docencia, que cultivó con entusiasmo. Era el animador que insiste una y mil veces para que el alumno apruebe, utilizando el sistema popularmente conocido como sistema machaca. Buen profesor y un autodidacta cualificado en Matemáticas y de Ciencias Naturales, tenía una pequeña estación meteorológica. En Rota maravillaba con el ordenador que llegó a dominar a la perfección. Hizo y ofreció diversos programas para las gestiones ordinarias de nuestras casas. Reflejo de su entusiasmo por las ciencias de la naturaleza, fue su afición a las plantas, las hierbas medicinales y los pájaros.
Otro aspecto fue su alegría en comunidad. Gozaba con que los hermanos disfrutaran con sus charlas, ocurrencias y anécdotas. Se prestaba generosamente al ministerio sacerdotal tanto en el ámbito colegial, como en hermandades, Adoración Nocturna, Hogares Don Bosco y las ADMA.
Era entrañable y recia su devoción a María Auxiliadora. En el mes de mayo se le veía nervioso: —¡Que no le falte nada!», decía. Trabajó por la construcción del santuario de María Auxiliadora de Jerez-Lora Tamayo y disfrutó el día de su consagración.
Aunque Antonio se consideraba como médico de sí mismo y de todos, a finales de 1999 fue trasladado a la casa Pedro Ricaldone de Sevilla, aquejado de varias enfermedades. Cuando el director le ofreció administrarle la unción de los enfermos, respondió: «Con mucho gusto, pero pide a María Auxiliadora que me lleve ya al cielo».
A las puertas de la celebración jubilosa de sus Bodas de Oro sacerdotales, dejó esta vida el 21 de marzo del 2001, a los 77 años de edad.