Pérez Rodrigo, Guillermo

Guillermo Pérez Rodrigo

Sacerdote (1905-1998)

Nacimiento: Torrijo del Campo (Teruel), 10 de diciembre de 1905
Profesión religiosa: Sarrià, 20 de julio de 1924
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 21 de mayo de 1933
Defunción: Martí-Codolar, 10 de julio de 1998

Nació el 10 de diciembre de 1905 en Torrijo del Campo (Teruel). Sus padres, Antonio y Ángela, formaron una ejemplar familia de 12 hijos, de los que Guillermo y José siguieron a Don Bosco en la Congregación Salesiana. En 1916, buscando futuro para su numerosa prole, vendieron sus tierras y se trasladaron a Benimaclet (Valencia). Conectaron pronto con el padre Viñas, que admitió a los niños en el colegio.

A finales de agosto de 1919, Guillermo salió con su hermano José camino del aspirantado de El Campello. El 10 de julio de 1923 inició el noviciado en Sarrià, donde profesó el 20 de julio de 1924.

Estudió filosofía en Sarrià, colaborando los domingos en el oratorio de Badalona, y realizó el tirocinio práctico también en Sarrià (1926-1929). Inició los estudios de teología en Carabanchel Alto, mientras hacía el servicio militar; los continuó en El Campello, pero los hubo de interrumpir por la quema del colegio en 1931. Los retornó en Carabanchel (1931-1933), donde fue ordenado sacerdote por monseñor Manuel González, el 21 de mayo de 1933.

Inició su trabajo sacerdotal en Sarrià, donde le sorprendió la Guerra Civil. Su hermana María lo acogió en su casa, pero el 22 de julio lo arrestó la policía y fue trasladado a la prisión flotante «Uruguay», fondeado en el puerto de Barcelona; y luego a cárceles de Montjuïc, la Modelo de Barcelona y Mataró.

Acabada la guerra, desempeñó los cargos de consejero o catequista en Sarrià, Valencia-San Antonio, Huesca-Heredia y Tibidabo. Fue director de Huesca-Residencia y Villena.

Su labor sacerdotal durante la última etapa de su vida salesiana estuvo relacionada con el confesionario y asistencia a las capellanías en Sarrià, Martí-Codolar, los Hogares Mundet, comunidad Sant Jordi de postnovicios de Horta y Martí-Codolar, donde murió el 10 de julio de 1998, a los 92 años.

Don Guillermo, con su menuda figura, fue persona de una gran talla sacerdotal y un salesiano cabal, que destacaba por su bondad, prudencia y buen consejo. Nunca escondió su alma de apóstol, sobre todo en tiempos difíciles. En toda ocasión tenía palabras de ánimo y consuelo para quien las necesitara: jóvenes, antiguos alumnos, religiosos, enfermos y ancianos. Por eso fue confesor y director espiritual muy buscado por laicos y religiosos. Fue un gran formador y orientador de conciencias.

Se guardan sus vivencias en varias libretas en nuestro archivo de salesianidad de Barcelona.