Diego Reina Muñoz
Sacerdote (1921-1982)
Nacimiento: Morón de la Frontera (Sevilla), 1 de septiembre de 1921
Profesión religiosa: San José del Valle, 8 de septiembre de 1939
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 3 de julio de 1949
Defunción: La Línea de la Concepción, 17 de octubre de 1982
Nace en el pueblo sevillano de Morón de la Frontera el 1 de septiembre de 1921. Huérfano de padre, su madre presta sus servicios en los años difíciles de la Guerra Civil y de la postguerra a los salesianos de Morón. Aquí Diego hace sus estudios primarios y brota el germen de su vocación.
Su currículum salesiano comienza en el aspirantado de Montilla, de ahí pasa al noviciado en San José del Valle, con la profesión el 8 septiembre de 1939. Le siguen los estudios de filosofía y el trienio en Utrera y Córdoba. Estudia teología en Carabanchel Alto (1945-1949), culminada con la ordenación sacerdotal el 3 de julio de 1949.
Joven sacerdote, es destinado a Pozoblanco, como catequista y consejero (1949-1952), director del externado en Utrera (1952-1959), y en Cádiz (1959-1961) y La Línea de la Concepción como profesor y confesor (1961-1966). Durante sus estudios universitarios reside en la Universidad Laboral de Sevilla en Badajoz y en Madrid. Tras un paréntesis como administrador en Alcalá de Guadaíra y en Cádiz, marcha de nuevo a Madrid para hacer el doctorado en Sociología en el curso 1975-1976. Torna definitivamente a La Línea, como director de la escuela universitaria de magisterio de la Iglesia hasta su muerte. En La Línea de la Concepción es el lugar donde más y mejor desarrolló su vocación, sobre todo en el último sexenio entregado, con dedicación plena, a dirigir la escuela de magisterio.
Educador nato y profesor estimado, Diego tenía la sensibilidad a flor de piel. Hombre responsable, su mayor preocupación era sentirse útil a la Congregación, siempre dispuesto a ofrecerse en servicios que entrañaban sacrificios. La vivencia intensa con la que afrontaba los problemas de su responsabilidad a veces dificultaba la convivencia, y su sensibilidad le hacía disculparse en un ejercicio de verdadera humildad.
Como Don Bosco, Diego fue sacerdote a todas horas y en todas partes, solícito en atender al sacramento de la reconciliación y a la dirección espiritual juvenil. Su trabajo con los antiguos alumnos hasta altas horas de la noche no le impedía ser puntual a la oración comunitaria de la mañana.
El Señor le dotó de cualidades especiales para el ministerio de la Palabra. Y precisamente aquel domingo, concluida la eucaristía, se retiró a su habitación y allí fue encontrado sin vida, reclinada serenamente su cabeza sobre la mesa. Era el 17 de octubre de 1982 y tenía 61 años. Era el primer salesiano que moría en los 25 años de vida de la casa linense.