Soler Fons, Salvador

Salvador Soler Fons

Coadjutor (1906-1973)

Nacimiento: Carcagente (Valencia), 24 de marzo de 1906
Profesión religiosa: Astudillo, 16 de agosto de 1958
Defunción: Oviedo, 9 de agosto de 1973

Nació en Carcagente (Valencia) el 24 de marzo de 1906. Débil y enfermizo, se adaptaba con dificultad a las tareas del campo, en las que se ocupaba la familia. Esta situación motivó que un familiar se lo llevara consigo a Madrid. Allí cumplió con el servicio militar. Llegada la Guerra Civil, pudo volver a su pueblo natal.

Terminada la guerra, volvió a Madrid. Por estos tiempos conoció al padre Ferrer, franciscano, fundador del convento de Carcagente, confesor del rey Alfonso XIII. Este ilustre fraile supo compaginar el cargo de confesor del rey Alfonso XIII y su amistad con los humildes y necesitados. Con él iba Salvador en los días de fiesta a los suburbios, divirtiendo y auxiliando a los niños. Al fallecer sus padres, ingresó en el convento de los padres franciscanos de Sagunto. Su salud, siempre precaria, no aguantó aquel género de vida y hubo de regresar de nuevo a Madrid.

En la capital de España, conoció a los salesianos y comenzó a frecuentar el oratorio festivo del colegio de la Ronda de Atocha. Poco a poco, fue familiarizándose con aquel ambiente.

En el año 1957, don Salvador da el paso definitivo. Abandonando su pequeño negocio, pidió ser admitido en la Congregación Salesiana como coadjutor. Fue enviado a la Universidad Laboral de Zamora para hacer su experiencia de aspirantado. Pasó después al noviciado en Astudillo, donde encontró como padre maestro a un paisano suyo, don Joaquín González, quien lo ayudó a integrarse con más facilidad en el espíritu salesiano. Al final del año, hizo la profesión religiosa, el día 16 de agosto de 1958.

Ya profeso, el primer destino lo manda al colegio de Huérfanos de Ferroviarios de León, recién inaugurado (1958), con el cargo de responsable de la despensa. Con el mismo cometido fue mandado al colegio de niños del Naranco de Oviedo, cuando también acababa de ponerse en marcha (1961). Los 11 años pasados en este colegio nos hablan de su dedicación, responsabilidad y servicio a los niños y a los jóvenes necesitados.

Don Salvador Soler era un hombre obeso, dinámico, alegre, responsable, tradicional, de acento valenciano y muy afectuoso. Amigo de las misiones, enviaba a la Procura gran parte de los beneficios cosechados en su económico baratillo. Era trabajador, responsable, ordenado y preventivo: enemigo de la improvisación y de las prisas. Por eso, no le sorprendió la muerte; lo tenía todo preparado.

Falleció en el colegio de niños del Naranco de la ciudad de Oviedo, el día 9 de agosto de 1973, a los 67 años.