Jesús Marcellán Rodríguez
Sacerdote (1899-1973)
Nacimiento: Peralta de Alcofea (Huesca), 1 de enero de 1899
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 25 de julio de 1917
Ordenación sacerdotal: Barbastro (Huesca), 26 de agosto de 1926
Defunción: Salamanca, 18 de julio de 1973
Nació el 1 de enero de 1899, en Peralta de Alcofea (Huesca). Ingresó en el colegio salesiano de Huesca, donde brotó su vocación salesiana. Hizo el aspirantado en El Campello. De allí pasó a Carabanchel Alto para hacer el noviciado y los estudios de filosofía. El trienio lo realizó entre Carabanchel Alto y Atocha. Estudia teología en tres sitios diferentes: El Campello, Camagüey y La Habana (Cuba), y se ordenó de sacerdote en Barbastro el 26 de agosto de 1926.
Ese mismo año fue destinado como consejero de los aspirantes de Astudillo. Con ellos pasó también de consejero al Paseo de Extremadura en Madrid, al abrirse esta casa como aspirantado. Con los aspirantes ejerció los cargos de consejero, prefecto y director en el año 1931. En 1934 fue nombrado director de Santander. Eran años difíciles y sobre los colegios se cernía una nube que anunciaba tempestad. Los superiores en previsión del cierre de colegios por parte del gobierno, se apresuraron a asegurar su condición jurídica mediante la creación de «mutuas escolares» que, hechos los trámites legales, comenzaron a funcionar como propietarias de los respectivos colegios. En Santander, al comienzo del curso 1935-1936, se constituyó la «Mutua Escolar Cantábrica» y fue nombrado director el antiguo alumno don Lauro Ibáñez. Don Jesús Marcellán aparecía como capellán de los chicos y los demás salesianos, como simples profesores. Así pudo salvarse, sin graves dificultades, el curso. En octubre de 1936 el colegio fue asaltado y la comunidad tuvo que dispersarse. Don Jesús se refugió en casa de don Lauro. Al principio ejerció como maestro en una academia, pero pronto fue detenido junto con su hermano. Encarcelados primero en la cárcel provincial, fueron después condenados a trabajos forzados en la llamada «brigada disciplinaria», que era la encargada de construir trincheras en los lugares más cercanos al frente. El pesado trabajo, las penurias y los malos tratos hicieron que cayera gravemente enfermo y tuviera que ser llevado al hospital, donde puedo restablecerse y volver a su lugar de condena. Al cabo de unos meses, los dos hermanos fueron llevados a la prisión provincial, donde permanecieron hasta la liberación de la ciudad por las tropas franquistas el 26 de agosto de 1937. Dos salesianos de la comunidad habían sido martirizados durante la guerra. El colegio, mientras tanto, había sido convertido primero en hospital y después en cárcel. Fue recuperado y poco a poco la vida colegial se restableció normalmente. De don Jesús Marcellán como director de Santander dice en una entrevista el culto presidente de los antiguos alumnos don Gerardo Cabarga: «Fue el director que más años estuvo como tal, el que pasó las más dispares y extrañas circunstancias, el que se recuerda con más actividad en muchos campos, el salesiano ideal para la época que le tocó vivir. Hombre recio, abierto, oidor de las cosas, infatigable, con enorme iniciativa, metido en la amistad de las gentes… Sus años fueron pródigos en resultados. Se le recuerda mucho».
Al terminar el directorado en Santander, fue nombrado ecónomo inspectorial, función que ejerció durante 22 años. Llevó a cabo la construcción de las casas de Arévalo, Guadalajara y el teologado de Salamanca. Pero no dejó nunca de tener contacto con los jóvenes. Se encontraba siempre rodeado de chicos, a los que entretenía y distraía con sus juegos. Sabía multitud de historietas, chascarrillos y anécdotas con las que deleitaba al auditorio. El amor a la Virgen lo llevaba metido en el alma, lo mismo que la devoción a Don Bosco y a las vocaciones salesianas. Debido a una fuerte trombosis, sufrió una gravísima lesión cerebral que le dejó reducido a vida vegetativa durante tres años. Murió, tras un coma profundo, en Salamanca el 18 de julio de 1973 a los 74 años.