Ignacio Vallet Goytisolo
Sacerdote (1919-1959)
Nacimiento: Barcelona, 4 de marzo de 1919
Profesión religiosa: Gerona, 29 de enero de 1941
Ordenación sacerdotal: Madrid, 21 de agosto de 1949
Defunción: Barcelona, 21 de enero de 1959
Nació en Barcelona el 4 de marzo de 1919, hijo de una eminente familia cristiana, relacionada por parte paterna con el famoso apóstol de los obreros, el padre Vallet, y por parte materna, con la familia de los Goytisolo, famosos escritores y poetas de aquel tiempo. Don Ignacio lo sabía, pero nunca hablaba de ello.
En el año 1936 ingresó en el aspirantado de Sant Vicenç dels Horts. Estalló la Guerra Civil y, al acabar la contienda, entró en el noviciado de Gerona en 1940, coronándolo al año siguiente con su profesión religiosa el 29 de enero de 1941.
Terminados los estudios de filosofía, fue enviado a la casa de Sarrià como maestro y asistente. Padecía una grave lesión orgánica en los ojos, que jamás pudo resolver y que naturalmente dificultaba su visión. Además tartajeaba y ceceaba un poco, lo que resultaba más deficiente su lectura, todo lo cual aumentaba su timidez.
Mucho temió que el defecto de la vista pudiera ser obstáculo para el sacerdocio. Pero lo suplió en el estudiantado teológico de Carabanchel Alto con redoblada atención en la clase y la ayuda de algún compañero caritativo. Pudo ordenarse sacerdote el 21 de agosto de 1949.
Ya sacerdote, fue enviado como consejero por tres años al aspirantado de Huesca y pasó después al de Gerona como confesor.
En el curso 1957-1958 lo encontramos en la ciudad de Trujillo (República Dominicana), viendo colmada así su ilusión de ser misionero. Pero su delicada salud le obligó a volver a España con la esperanza de que los aires natales pudieran aliviar sus dolencias.
Fue destinado a los Hogares Mundet de Barcelona. Pero, a pesar de las apariencias, se cumplió el pronóstico de los médicos. Un día, cuando se dirigía al pabellón de los ancianos para una charla catequética, un ataque cardíaco acabó repentinamente con su vida. Era el 21 de enero de 1959 y tenía 39 años.
La muerte no le sorprendió sin preparar. Conocía su estado y tenía siempre presente el Estote parati!, como repetidas veces comentaba con los hermanos.
Tenía solo 40 años y una salud precaria. Su aspecto físico, sin embargo, no denotaba su floja constitución. Porque era alto y bien conformado, rostro de color sonrosado bajo su tupida y negra cabellera.
Era un salesiano bueno, de carácter tímido, bondadoso y fervoroso, humilde, muy entregado a la misión que la Congregación le fue señalando.