Almazán Cruzado, Jesús

Jesús Almazán Cruzado

Sacerdote (1885-1950)

Nacimiento: Torrijo del Campo (Teruel), 21 de abril de 1885
Profesión religiosa: Sarrià, 7 de diciembre de 1906
Ordenación sacerdotal: Sarrià, 17 de junio de 1916
Defunción: Sarrià, 23 de noviembre de 1950

Nació el 21 de abril de 1885, en Torrijo del Campo (Teruel); sus padres, una vez trasladada la familia a Valencia, lo matricularon en el colegio salesiano de San Antonio (1901). Después en Sarrià hizo el aspirantado y el noviciado, que culminó con la profesión religiosa el 7 de diciembre de 1906.

En el mismo Sarrià estudió los dos años de filosofía, realizó el trienio práctico, hizo la teología y fue ordenado sacerdote el 17 de junio de 1916.

De complexión alta y fuerte, comenzó su labor sacerdotal como consejero escolástico y vivió su mejor época en Sarrià (1917-1928); fue el prototipo de consejero. A pesar de su aspecto fornido, que de primeras causaba miedo a los alumnos nuevos, su espíritu pedagógico sabía ganárselos a todos, sin necesidad de gritos ni castigos. Era un hombre con un inmenso corazón; gobernaba el colegio con dos armas: la asistencia y las calificaciones. Desde 1928 hasta 1935 trabajó allí mismo como catequista de artesanos; distinta función, distintos elementos, y su actuación tenía otro sabor. Debía atender la moral de aquellos mozos de casi 20 años, enseñarles a convivir dentro de aquel conjunto. El trabajo no era sencillo, pero él, una vez más, demostró sus dotes formidables de educador.

En 1935 fue enviado como director a Villena. Eran momentos difíciles en el campo educativo los que precedieron a la gran contienda patria. Cuando llegó la Guerra Civil, hubo que cerrar el colegio, pero todos los hermanos lograron salvar la vida. Don Jesús halló cobijo en Valencia, donde pasó escondido los tres años de la guerra, y allí empezó a flaquear su salud.

Terminado el conflicto bélico, fue destinado a Pamplona y a Huesca como confesor. En el año 1946, ya enfermo, pasó a Sarrià, donde falleció el 23 de noviembre de 1950, a los 65 años.

Durante sus últimos años, su corazón, con alternativas más o menos alarmantes, ya casi no le dejó ni derramar su bondad, aunque seguía confesando. Fueron sobre todo tiempos de vida interior, preparando su alma para el encuentro definitivo con el Señor.