Francisco Zabaleta Larramendi
Sacerdote (1891-1922)
Nacimiento: Azkoitia, 9 de marzo de 1891
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 13 de septiembre de 1907
Ordenación sacerdotal: Barcelona, 23 de diciembre de 1916
Defunción: Barcelona, 11 de julio de 1922
Doce años tenía cuando ingresó en Villaverde de Pontones (Santander), como aspirante, y 31 cuando murió en Barcelona, siendo prefecto de Sarrià.
Había nacido en Azkoitia el 9 de marzo de 1891. Hizo el noviciado en Carabanchel Alto y la profesión religiosa el 13 de septiembre de 1907.
Fue maestro en Barakaldo y Santander. Y después del tercer curso de teología, fue soldado de sanidad militar durante tres años. Tres años de purgatorio, de aprendizaje de la vida. Se hizo respetar por sus compañeros y se ganó el aprecio de todo el mundo, singularmente de los hermanos maristas, con quienes convivió y cuyo recuerdo agradecido conservó hasta el fin.
Acabó su teología en El Campello y se ordenó sacerdote en Barcelona el 23 de diciembre de 1916.
Fue destinado a Sarrià como secretario del administrador. Le nombraron después administrador, cargo que desempeñó hasta que la enfermedad pudo con él.
Falleció a los 31 años en Barcelona, el 11 de julio de 1922.
Era un hombre de carácter, temperamento de roble y de una pieza. La ruda franqueza que le caracterizaba, le hacía duro a veces en sus palabras, puesto que solía manifestar su parecer y dar órdenes con cierta rudeza juvenil.
Pero era un hombre inteligente y trabajaba constantemente para dulcificar sus actitudes y corregir los excesos de su fuerte carácter. No guardaba rencor a nadie y su espíritu abierto estaba siempre dispuesto a perdonar y a prestar favor a todos.
Padecía del estómago hacía tiempo. Por ello, después de consultar a varios médicos especialistas, se decidió a operarse y se puso en manos del eminente doctor Corachán, en cuya clínica actuaba como capellán.
Como si él previera un mal desenlace, celebró la misa, como si fuera por última vez, y entró en el quirófano. Al complicarse la operación, pidió que le trajeran el viático y, ante su presencia, expiró.
Dejó unas notas íntimas. Dice así la última página que escribió, antes de entrar en la clínica:
«He hecho la novena al Espíritu Santo. ¿No es él quien da fortaleza? Ánimo, alma mía; si quedas en este mundo, alaba al Señor; si te vas al otro, podrás alabarlo más. Hágase tu voluntad, para que venga a nosotros tu reino… Haz, oh buen Jesús, como te plazca; dame tu gracia… María Auxiliadora, sé tú mi madre… ¿Qué no haría mi mamá de Azkoitia? Tú harás mucho más, estoy seguro. Un beso para ti y otro para Jesús».