Álvarez García, Cayetano

Cayetano Álvarez García

Coadjutor (1930-2020)

Nacimiento: Villamayor de Campos (Zamora), 19 de marzo de 1930
Profesión religiosa: Astudillo, 16 de agosto de 1959
Defunción: León, 17 de marzo de 2020

Cayetano nació en el pueblo de Villamayor de Campos de la provincia de Zamora, en el seno de una familia muy religiosa, de cuyos hijos Cayetano fue religioso salesiano y otro es sacerdote diocesano.

Pronto dejó el pueblo y se trasladó a León, donde entró a formar parte de los jóvenes de Acción Católica en la parroquia de San José de las Ventas. Durante muchos años trabajó allí con ilusión a favor de los jóvenes, junto con el que también fue coadjutor salesiano, Santiago (Giacomo) Domínguez. Con su carácter jovial estaba siempre disponible para colaborar en la catequesis, atender a los pobres del barrio, visitar a los enfermos de la parroquia, compartir su vida y su buen trato con los seminaristas, etc. Conoció a los salesianos y vio en la Congregación el campo ideal para cumplir en ella su acción pastoral con los jóvenes necesitados y a sus 28 años quiso hacerse salesiano. Fue envidado a hacer le noviciado a Astudillo y allí profesó como coadjutor el 16 de agosto de 1959.

Para completar su formación salesiana fue destinado a hacer el posnoviciado en la casa de Medina del Campo (Valladolid), sede entonces del estudiantado filosófico de la inspectoría de León.

Allí permaneció hasta el año 1961, en que fue destinado a la Casa Don Bosco de Madrid, donde por muchos años se ocupó de la librería salesiana.

En 1970 fue destinado a León, donde se había abierto una nueva librería salesiana. Él fue el encargado de llevarla adelante durante muchos años. Residía en la casa inspectorial y desde allí iba diariamente a la librería situada en el centro de la capital leonesa.

En la casa inspectorial siguió hasta el final de su vida, encargado de la administración, de la atención a los enfermos, a los huéspedes y los numerosos grupos que acudían a la casa inspectorial para realizar reuniones de trabajo, cursos de formación, ejercicios espirituales, encuentros de la familia salesiana, etc. Trabajador incansable, estaba atento a todos los detalles que pudieran necesitar los salesianos tanto de la casa como los que acudían a ella, que encontraban en él una amable y cordial acogida.

Contagiado con el coronavirus mientras servía con diligencia, como lo hacía siempre, a uno de los numerosos grupos de la familia salesiana que regularmente se reunía en la acogedora casa sede de la antigua inspectoría de León, una insuficiencia respiratoria se le convirtió en una bronconeumonía que no pudo superar.

A solo dos días de cumplir los 90 años Cayetano estaba en plena actividad, atendía a los muchos salesianos y personas que pasaban por la casa, ayudaba a los enfermos, servía al comedor, hacía carteleras para solemnizar las fiestas y los cumpleaños de los hermanos y prestaba toda clase de servicios a quienes los necesitaban o le pedían su colaboración. Lo hacía todo con gran sentido de la responsabilidad, y con una exquisita sensibilidad, que suscitaba confianza. Cualquiera que haya tenido la suerte de pasar por la casa de León puede dar testimonio de su bondad, de su maravilloso trato, de su amabilidad sin reticencias.

Estaba siempre alegre y de buen humor, sembrando optimismo y dando siempre a todos aquel toque de espontánea cordialidad que hacía que junto a él uno se sintiera a gusto. Era además un hombre de gran vida interior. No faltaba nunca a los actos comunitarios, participando activamente en las celebraciones litúrgica y en el canto. En él no resulta tópico decir que era un gran devoto de María Auxiliadora, de Don Bosco y de la Congregación, pues llevaba en su corazón esos amores y los transparentaba continuamente.

En la casa de León deja un vacío que será difícil de llenar: no solo apreciado, sino muy querido por todos, su presencia llenaba todos los lugares de la casa, pues en todos ellos su persona se hacía presente para atender a cuantos entraban en la casa, como lo pueden decir los miles de huéspedes que pasaron por ella.

Su muerte nos causa un verdadero dolor. No es exagerado decir que ha muerto un santo, un modelo ideal del buen coadjutor salesiano. Descansa en paz, amigo Cayetano.