Aparicio Villacorta, Eudaldo

Eudaldo Aparicio Villacorta

Coadjutor (1916-1996)

Nacimiento: Tarilonte de la Peña (Palencia), 21 de octubre de 1916
Profesión religiosa: Villa Moglia, 5 de septiembre de 1937
Defunción: Bilbao, 19 de septiembre de 1996

Nació en Tarilonte de la Peña (Palencia), a muy pocos kilómetros del santuario de la Virgen del Brezo, rincón mariano donde se dan cita el día 22 de septiembre miles de palentinos, leoneses y montañeses, para rendir honor y pleitesía a la Santísima Virgen.

A los 12 años fue llevado al seminario de misiones de Astudillo. De fina complexión, suaves modales, corazón noble y con ansias de letras, se ganó muy pronto el aprecio de superiores y compañeros. En el año 1932 le enviaron a Italia para continuar su formación humanística y profesional en Rebaudengo y hacer el noviciado en Chieri (Villa Moglia).

Regresó a España con motivo de la Guerra Civil. En Burgos se incorporó al ejército durante nueve meses. Una oportuna ley de protección a las madres que tenían ya otros hijos movilizados le permitió volver a casa. Según él, fueron María Auxiliadora, la generosidad y el amor de los otros dos hermanos quienes lo devolvieron a la Familia Salesiana. El que era entonces inspector de la inspectoría céltica-tarraconense, don Julián Massana, le destinó a Deusto el 10 de septiembre de 1938, y en Deusto permaneció 58 años, hasta el final de sus días.

Cuando llegó, tenía en posesión el título de sastre, pero muy pronto los superiores vieron la necesidad de que se sacara el de maestro industrial delineante, especialidad que ejerció durante algunos años. Impartía con solvencia y eficacia las clases de dibujo industrial, tecnología mecánica y delineación. Como profesor, era un hombre de orden y disciplina sin estridencias ni severidad.

La labor de Eudaldo Aparicio no se limitó a la clase y asistencia. Sacaba tiempo, además, para ser brazo derecho del administrador, labor en la que se distinguió como hombre de confianza, muy claro en las cuentas y comedido en el decir.

Su constante y eficaz trabajo realizado durante 50 años en las escuelas profesionales de Deusto tuvo el merecido reconocimiento por parte del Ministerio de Trabajo, que le condecoró con la Medalla de Plata al Mérito en el Trabajo.

Fue también un hombre de profunda oración, puntual y observante en las prácticas piadosas. Su compostura y sencillez eran el mejor sermón que durante años predicó a sus alumnos. Durante 40 años llevó la crónica del colegio con precisión, detalle y con mimo de miniaturista.

Nos dejó tras sufrir pacientemente los achaques propios de la edad, que fueron minando poco a poco su salud. El día 19 de septiembre de 1996 el nuevo cronista dejaba constancia de su muerte con estas lacónicas y certeras palabras: «Ha muerto el Sr. Aparicio: fue religioso, ejerció como religioso, y ha muerto como religioso».