Emilio Arce Díez
Coadjutor (1908-1936)
Nacimiento: Ubierna (Burgos), 31 de octubre de 1908
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, en 1926
Defunción: Madrid, 23 de julio de 1936
Beatificación: Roma, por el papa Benedicto XVI, el 28 de octubre de 2007
Emilio Arce nació en el pueblo burgalés de Ubierna, del que han salido muchas y buenas vocaciones, entre ellas el mártir don Enrique Saiz y varios otros salesianos posteriores. Como suele suceder con otros mártires, se conservan pocas noticias sobre sus primeros años. Emilio entró muy joven como aspirante en la casa salesiana de Barakaldo y luego pasó al noviciado de Carabanchel Alto. Allí profesó como salesiano en 1926. Con votos temporales estuvo en las casas de Sarrià, Astudillo y La Coruña. De 1931 a 1933 estuvo destinado de nuevo en Astudillo; después, en Carabanchel Alto durante un curso y, a partir de 1934, en Madrid-Atocha, donde será otro de los salesianos de la comunidad víctima de la persecución religiosa.
Al ser asaltado el colegio, el coadjutor don Emilio pudo escapar y refugiarse junto con el clérigo Vitoriano Fernández en la pensión La Giralda, en la calle Espartero, número 6. Días después se le unió Juan José Leturio, estudiante de filosofía recién llegado de Italia. Emilio se mostraba decidido y valiente, no medía peligros, mientras los otros se mostraban más cautos. Un día Victoriano y Leturio hicieron una salida para ver qué pasaba en el colegio de Atocha. Un muchacho reconoció a Victoriano como «fraile», pero los dos pudieron volver a la pensión.
El día 23 de julio, Emilio quiso también visitar el colegio e invitó a ir con él a los otros dos. Juan José Leturio intentó disuadirlos y se negó a acompañarlos porque preveía el peligro. Emilio estaba convencido de que su presencia era necesaria en el colegio, a pesar del daño que le pudiera venir. Victoriano y él se acercaron al colegio. Allí se les unió el antiguo alumno, Laureano López. En la calle Argumosa, que está frente al colegio, unos chiquillos los reconocieron y comenzaron a gritar: «¡Salesianos, salesianos!». Inmediatamente fueron detenidos y llevados ante el cercano Comité Socialista. El antiguo alumno y el coadjutor don Emilio fueron dejados en libertad. Victoriano, clérigo, quedó prisionero y sería fusilado ese mismo día. Emilio y el antiguo alumno caminaron un rato juntos y después se separaron. Emilio no regresó a la pensión y no se supo más de él.
Parece ser que aquella misma tarde del día 23 de julio que lo liberaron, lo detuvieron nuevamente cerca del colegio. Algunos testigos «de oídas» afirman que fue conducido a la Casa de Campo. Que antes de ser ejecutado, pidió licencia a sus asesinos para hablar, y se la concedieron. Él gritó por tres veces: «Viva Cristo Rey», y cayó víctima de la descarga.
Al día siguiente su cadáver fue hallado en el depósito judicial de Santa Isabel y fue perfectamente reconocido e identificado por varias personas. Sus restos se conservan en la capilla de los Mártires del Santuario de María Auxiliadora de Atocha.