Félix Azpeleta Prieto
Sacerdote (1907-1987)
Nacimiento: Melgar de Yuso (Palencia), 4 de noviembre de 1907
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 23 de julio de 1925
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 15 de junio de 1935
Defunción: Madrid, 16 de enero de 1987
Don Félix era un palentino con apellido vasco. Su padre, Antonio Azpeleta, había llegado del País Vasco y se casó en segundas nupcias con Daniela Prieto. Su padre murió pronto y su madre tuvo que sacar adelante la familia. Esos duros inicios de su vida influyeron en Félix, que tuvo siempre un carácter serio, austero y laborioso.
A los 11 años tuvo la feliz idea de hacerse sacerdote. Fue a El Campello y cursó allí los cuatro años de aspirantado; el noviciado lo hizo en Carabanchel Alto, donde profesó el 23 de julio de 1925. Estudió filosofía y fue destinado a Salamanca para hacer allí el trienio práctico: era asistente, profesor de matemáticas, encargado de los deportes y del teatro, que él mismo ensayaba y montaba los escenarios, desplegando sus cualidades de dibujante y diseñador de buen gusto. Fue enviado a estudiar teología al teologado internacional de la Crocetta en Turín: allí asistió a la muerte de don Rinaldi y a la elección del nuevo rector mayor don Pedro Ricaldone. Terminó teología en Carabanchel Alto y se ordenó sacerdote el 15 de junio de 1935.
El ministerio sacerdotal lo comenzó a ejercer en el colegio de Salamanca. Como era el tiempo de la guerra y no había salesianos jóvenes, le tocó hacer de asistente y encargado del teatro, como lo había hecho en sus años de trienal en el mismo colegio. Era, además, el encargado de las obras de la casa. Más tarde llegaría a ser encargado de las obras de la inspectoría.
En 1942 fue nombrado director de la casa de Astudillo que estaba en estado lastimoso en los edificios, en la alimentación y hasta en la higiene. Para poner remedio a todo ello, el inspector, don Felipe Alcántara, pensó en don Félix, que entró allí como un brazo de mar y en un año puso las cosas en orden.
Estuvo en Astudillo solo un año y fue destinado como director al colegio de Santander, un colegio muy semejante al de Salamanca, que él conocía muy bien. También en Santander se comportó más como maestro de obras que como maestro de espíritu. De Santander fue destinado a Arévalo, donde asimismo trabajó con denuedo. De Arévalo pasó al Paseo de Extremadura y del Paseo de Extremadura a la granja de Saldañuela en el pueblo de Sarracín, de la provincia de Burgos, donde le tocó pasar una de las etapas más duras de su vida. Se trataba de una granja-escuela que dependía de la Caja de Ahorros de Burgos con unos dirigentes difíciles de tratar. A las dificultades que allí encontró se le añadió el clima: la niebla, la humedad y el frío de Saldañuela se le agarraron a los bronquios y terminaron por producirle una bronquitis asmática que le llevó a la muerte. Tuvo que dejar la granja.
Como si su suerte hubiera entrado en un declive fatal y en una vía oscuramente dolorosa, en el colegio de Huérfanos de Ferroviarios, al que fue destinado, le esperaba una trombosis que le ocasionó la amputación de la pierna.
Del colegio de Ferroviarios pasó al de Paseo de Extremadura, donde transcurrieron los últimos años de su vida. La enfermedad lo había dejado como una sombra, un resto de lo que había sido. Aquel Don Félix alto, corpudo, con cara de púgil y cuerpo de atleta, paso ligero, erguido y con los hombros levantados, no tenía nada que ver con este don Félix postrado, enteco, sin fuerzas y sin ánimos, la mirada apagada y la sonrisa tímida. Soportó su dolorosa enfermedad ejemplarmente. Se volvió muy sensible a las muestras de afecto que recibía de parte de todos los que lo conocían y, agradecido, se echaba a llorar como un niño. De él queda, sin embargo, el recuerdo de un hombre activo y emprendedor en tantas casas de la inspectoría: Salamanca, Astudillo, Arévalo, Mohernando, donde construyó la granja, el lagar y un nuevo pabellón. Murió el día 16 de enero de 1987, a los 79 años.