Barambio Pérez, Evelio

Evelio Barambio Pérez

Coadjutor (1943-2014)

Nacimiento: Piqueras del Castillo (Cuenca), 12 de marzo de 1943
Profesión religiosa: Godelleta, 16 de agosto de 1962
Defunción: Elche-San José, 12 de agosto de 2014

Nació Evelio el 12 de marzo de 1943 en Piqueras del Castillo (Cuenca).
A los 14 años marchó al seminario salesiano para coadjutores de La Almunia de Doña Godina. Pasó después a Godelleta para el noviciado, hizo allí su primera profesión salesiana el 16 de agosto de 1962, y la perpetua seis años más tarde en Alacuás (Valencia). Volvió a La Almunia para perfeccionarse en estudios de Maestría Industrial (1962-1964). Tras unos años en Andorra de Teruel, regresó a La Almunia para cursar estudios de Ingeniería Técnica Mecánica.

Con su flamante título en el bolsillo, comenzó su fecunda labor pastoral. Después de una breve estancia en la casa de Zaragoza (1971-1972), fue destinado a la nueva presencia salesiana de Elche-San José Artesano, «al menos —le dijo el inspector— por un curso», pero allí permanecería 42 años, hasta su muerte, ocurrida el 12 de agosto de 2014.

Fue un salesiano alegre, sencillo y entregado en cuerpo y alma al servicio de los jóvenes en el taller, en el patio, en el deporte, en el huerto…, creador de sabrosas máximas entre sus alumnos de mecánica: «Un herrero nunca rebla, un mecánico nunca atasca, y si atasca no es mecánico, socio». ¡Era Evelio!

Siempre activo, siempre disponible y gran trabajador, simpático, generoso, tenaz y gran luchador ante cualquier dificultad, se involucró también en la ciudad de Elche, que lo acogió como a uno de los suyos: fue festero, adorador en la capilla de la adoración perpetua, colaborador del asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados…

Fue un salesiano de oración, una oración en la que pedía al Señor por su gente, por todos, dolido por las injusticias y el hambre y las guerras: le pedía al Señor fuerzas para acabar con ellas.

Y un campeón del trabajo, de generosidad y entrega a la Congregación, un salesiano con el que se podía contar siempre, un salesiano del que los alumnos preguntaban con frecuencia si podía estar en varios sitios a la vez, porque lo veían por todos lados: en el taller, en el patio, en la clase, en el huerto…

Una grave enfermedad empezó a manifestarse antes de la Navidad de 2013. Después de la fiesta de Don Bosco de 2014, empezó un tratamiento de radioterapia que le produjo cierta mejoría y aumentó sus ganas de vivir. Pero desde el mes de mayo la enfermedad fue agravándose, día a día, y minando su ya delicada salud.

Su fallecimiento tuvo lugar el 12 de agosto y su funeral y entierro el día 13, «en la víspera de la víspera de la Asunción de la Virgen», como dijo monseñor Jesús Murgui, obispo de la diócesis, que quiso presidir la eucaristía. En su homilía presentó a Evelio como un hombre con olor a oveja, en frase del papa Francisco. Acompañaban al señor obispo el vicario general, nuestro señor inspector, numerosos concelebrantes, familiares de Evelio, salesianos, antiguos alumnos, festeros, autoridades, alumnos, religiosas del asilo de ancianos… Se respiraba fiesta en la ciudad, la fiesta de la Asunción, que tenía un profundo significado para Evelio.