Mariano Beltrán Romero
Sacerdote (1894-1983)
Nacimiento: Jasa (Huesca), 8 de septiembre de 1894
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 2 de septiembre de 1912
Ordenación sacerdotal: Sarriá, 26 de julio de 1921
Defunción: El Campello, 23 de julio de 1983
Nació el 8 de septiembre de 1894, en Jasa (Huesca). Ingresó de niño en el internado de Sarrià y marchó en 1907, como aspirante, a la casa de El Campello, recién fundada. En Carabanchel Alto hizo el noviciado y profesó el 2 de septiembre de 1912. Volvió a El Campello para los estudios de filosofía. En Salamanca y Santander realizó el trienio y de nuevo regresó a El Campello para la teología. Fue ordenado sacerdote en Sarriá por el cardenal Vidal i Barraquer el 26 de julio de 1921.
Trabajó después en los colegios de Valencia, Mataró, Villena (director), Barcelona-Sarrià, Barcelona-Martí-Codolar (profesor de Moral), Pamplona, Sant Vicenç dels Horts y El Campello, donde vivió sus 22 últimos años y donde murió el 23 de julio de 1983, a punto de cumplir 89 años de edad.
De su personalidad, podemos destacar estas tres facetas:
– Sacerdote. Don Mariano se sintió siempre y ante todo sacerdote en el desempeño de sus múltiples responsabilidades. Muy joven aún, se le encomendó el delicado cargo de confesor, en el que destacó por su unción y sabiduría. Dios le concedió el don de llegar a la ancianidad pletórico de facultades y poder celebrar sus Bodas de Oro y de Diamante sacerdotales.
– Maestro. Fue una persona culta, autodidacta, como muchos de aquellos primeros salesianos que tuvieron que compaginar estudio y trabajos de asistencia y clases. A pesar de no haber cursado estudios especializados, llegó a ser profesor de moral en el teologado salesiano de Martí-Codolar. Aficionado a las lenguas, cultivó con interés el francés, inglés y alemán, idiomas que le fueron útiles en el confesionario de nuestra iglesia de El Campello, a la que acuden numerosos extranjeros.
– Fidelidad mantenida durante su larga vida. Fidelidad al magisterio del Papa, cuyas encíclicas leía con interés y al que seguía en sus viajes a través de los medios de comunicación. Fidelidad al magisterio salesiano, bien viniera del Rector Mayor o del señor inspector. Y fidelidad a su propia vocación. Como lo expresó varias veces, deseaba por encima de todo morir salesiano. Permaneció casi dos años en el retiro forzado de su habitación, cuidado solícitamente por el salesiano coadjutor don José Choimet.
Sus funerales fueron celebrados en un veraniego domingo 24 de julio, con multitud de turistas acogidos a la sombra de nuestros pinos, que pudieron presenciar con reverencia cómo su cadáver era trasladado procesionalmente a nuestro santuario, donde le esperaban numerosos amigos y fieles. Presidió el funeral el señor inspector acompañado de un nutrido número de salesianos de nuestra inspectoría y de algunos hermanos procedentes de la Procura salesiana de Madrid. Sus restos mortales descansan en el panteón salesiano de El Campello.