Severino Brea Pazos
Sacerdote (1935-1962)
Nacimiento: Arcos de Furcos (Pontevedra), 22 de abril de 1935
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1952
Ordenación sacerdotal: Salamanca, 18 de marzo de 1962
Defunción: La Coruña, 15 de noviembre de 1962
Nació Severino en Arcos de Furcos (Pontevedra) el 22 de abril de 1935. Sus padres, Fortunato y Carmen, inyectaron en sus hijos los ideales de una fe profunda y de una sólida piedad cristiana, y Dios les bendijo con dos vocaciones salesianas: Francisco y Severino.
A los 12 años, ingresó en nuestro seminario de Castrelo-Cambados, que acababa de inaugurarse, en el año 1947. Solo un año permaneció en este Pazo de Serantellos, pues para el curso siguiente lo encontramos en el colegio-seminario de Arévalo, que también abrió sus puertas ese mismo año. Allí logra consolidar su vocación y completar su formación de aspirante.
En la casa de Mohernando transcurre su año de noviciado, bajo la experta guía de don José Arce. El 16 de agosto de 1952 hizo su primera profesión.
Cursó los estudios de filosofía en el seminario filosófico de Guadalajara, que se inauguraba también ese mismo año, 1952. Realizó el trienio práctico en el colegio de Orense. El 16 de agosto de 1958 hizo sus votos perpetuos.
Los estudios de teología los cursó en el seminario teológico de Carabanchel Alto, los tres primeros años, y el último en Salamanca, inaugurando una vez más, esta vez el nuevo seminario teológico.
A punto de terminar el primer año de teología, comienza su doloroso calvario, cuyos síntomas primeros fueron: alta tensión arterial, con secuelas de mareos, insomnios e hipersensibilidad. A pesar de los varios tratamientos médicos a que fue sometido, no logró una eficaz mejoría. Un proceso implacable, infeccioso, iba minando lentamente sus fuerzas: tuberculosis renal. No obstante, sacando fuerzas de debilidad, consiguió lo que tanto anhelaba: ser sacerdote. Fue ordenado allí mismo, en Salamanca, el 18 de marzo de 1962.
Ante la imposibilidad de continuar estudios, fue destinado La Coruña. El día 10 de mayo, llegaba al colegio Don Bosco, con la esperanza de que el clima benigno y el cambio de presión aliviaran su tensión anormal, sus mareos continuos y su fatiga respiratoria.
Aprovechando su estancia con la familia para cantar la primera misa, su padre lo llevó a Santander, a una consulta con uno de los mejores especialistas de la facultad de medicina. El dictamen facultativo fue muy pesimista: «Este enfermo es una nave que camina a la deriva».
Vuelto al colegio de La Coruña, se reintegró a la vida de comunidad. Se ofrecía espontáneamente para ayudar a los hermanos; quería dar clases, deseaba actividades pastorales… Pero el proceso de la enfermedad no se detuvo.
Murió acompañado de familiares y salesianos el día 15 de noviembre de 1962, cumplidos 27 años de edad.
Nació Severino en Arcos de Furcos (Pontevedra) el 22 de abril de 1935. Sus padres, Fortunato y Carmen, inyectaron en sus hijos los ideales de una fe profunda y de una sólida piedad cristiana, y Dios les bendijo con dos vocaciones salesianas: Francisco y Severino.
A los 12 años, ingresó en nuestro seminario de Castrelo-Cambados, que acababa de inaugurarse, en el año 1947. Solo un año permaneció en este Pazo de Serantellos, pues para el curso siguiente lo encontramos en el colegio-seminario de Arévalo, que también abrió sus puertas ese mismo año. Allí logra consolidar su vocación y completar su formación de aspirante.
En la casa de Mohernando transcurre su año de noviciado, bajo la experta guía de don José Arce. El 16 de agosto de 1952 hizo su primera profesión.
Cursó los estudios de filosofía en el seminario filosófico de Guadalajara, que se inauguraba también ese mismo año, 1952. Realizó el trienio práctico en el colegio de Orense. El 16 de agosto de 1958 hizo sus votos perpetuos.
Los estudios de teología los cursó en el seminario teológico de Carabanchel Alto, los tres primeros años, y el último en Salamanca, inaugurando una vez más, esta vez el nuevo seminario teológico.
A punto de terminar el primer año de teología, comienza su doloroso calvario, cuyos síntomas primeros fueron: alta tensión arterial, con secuelas de mareos, insomnios e hipersensibilidad. A pesar de los varios tratamientos médicos a que fue sometido, no logró una eficaz mejoría. Un proceso implacable, infeccioso, iba minando lentamente sus fuerzas: tuberculosis renal. No obstante, sacando fuerzas de debilidad, consiguió lo que tanto anhelaba: ser sacerdote. Fue ordenado allí mismo, en Salamanca, el 18 de marzo de 1962.
Ante la imposibilidad de continuar estudios, fue destinado La Coruña. El día 10 de mayo, llegaba al colegio Don Bosco, con la esperanza de que el clima benigno y el cambio de presión aliviaran su tensión anormal, sus mareos continuos y su fatiga respiratoria.
Aprovechando su estancia con la familia para cantar la primera misa, su padre lo llevó a Santander, a una consulta con uno de los mejores especialistas de la facultad de medicina. El dictamen facultativo fue muy pesimista: «Este enfermo es una nave que camina a la deriva».
Vuelto al colegio de La Coruña, se reintegró a la vida de comunidad. Se ofrecía espontáneamente para ayudar a los hermanos; quería dar clases, deseaba actividades pastorales… Pero el proceso de la enfermedad no se detuvo.
Murió acompañado de familiares y salesianos el día 15 de noviembre de 1962, cumplidos 27 años de edad.