Matías Buil Grau
Sacerdote (1861-1930)
Nacimiento: Estadilla (Huesca), 27 de junio de 1861
Profesión religiosa: 10 de marzo de 1892
Ordenación sacerdotal: Barcelona, 20 de mayo de 1887
Defunción: Gualaceo (Ecuador), 21 de agosto de 1930
Don Matías Buil fue uno de aquellos sacerdotes diocesanos que entraron en la Congregación Salesiana subyugados por la figura de Don Bosco y de su obra en favor de la juventud pobre y en riesgo. El primero había sido don Manuel Hermida, gallego, al cual siguieron otros de varias partes de España. Entre ellos don Matías Buil.
Matías nació en el pueblo de Estadilla, municipio y villa de la comarca del Somontano de Barbastro, en la provincia de Huesca y perteneciente a la diócesis de Lérida. Sus padres fueron Matías Buil y María Grau. Era estudiante de teología en Barcelona cuando Don Bosco visitó la ciudad condal. Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1887. Era un hombre brillante y su personalidad se encaminaba hacia puestos de responsabilidad en la Iglesia de Barcelona, pero la figura de Don Bosco lo atrajo sobremanera y en 1892 profesó como salesiano.
Inmediatamente fue nombrado catequista de Sarrià y al año siguiente, director de la casa de La Trinidad de Sevilla. En 1894 volvió a Sarrià para para preparar su viaje a Vigo como encargado de la nueva presencia salesiana en aquella ciudad. En Vigo estuvo nueve años, como director de la casa de El Arenal (1894-1899), de la de San Matías (1899-1902) y de nuevo director y párroco de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, en El Arenal.
Los que le trataron dicen de don Matías que era simpático y amable y todos subrayan que era celoso y ardiente en la defensa de los intereses del Señor a quien servía como elocuente predicador en fiestas, fervorines de primeras comuniones, novenas y ejercicios espirituales.
De Vigo pasó a Barakaldo. Allí estuvo cuatro años de intenso trabajo pastoral, hasta su marcha, primero a Madrid, donde estuvo de director de Atocha en el año 1904-1905, y más tarde a Barcelona-Rocafort, donde tuvo la triste experiencia de ser testigo del asalto e incendio de aquel colegio en la Semana Trágica de 1909.
Don Pablo Albera, rector mayor de los salesianos, le encargó la delicada misión de ir con los shuar en Ecuador como representante de monseñor Costamagna, hasta que este pudiera tomar posesión del vicariato. Don Matías preparó su pasaporte, tuvo que disfrazarse de emigrante, vestirse de paisano y, con otro nombre, se embarcó hacia su nuevo destino. Su primer viaje por trochas y selvas vírgenes le supuso un serio quebranto, después de haber estado perdido durante ocho días. Pero su celo le sostuvo hasta poder tomar posesión del vicariato en nombre de su titular, monseñor Santiago Costamagna, a quien sustituyó hasta 1912. Fue el creador y difusor en todos los hogares cristianos de la hojita «El Granito de Arena», con la que hizo un gran bien. En 1920 pasó a ser párroco de El Pan de Gualaceo. En 1928 le propusieron hacer una visita a la misión de Macas. Su presencia debía servir para avivar el espíritu de los misioneros en aquel lugar. Y así lo hizo, a pesar de que su salud no era precisamente la más a propósito para ello. Dos años más tarde, como consecuencia de la larga enfermedad que allí contrajo, murió en Gualaceo el 21 de agosto de 1930. Tenía 69 años.