Ghione, Santiago

Santiago Ghione

Sacerdote (1855-1930)

Nacimiento: San Giorgio Scarampi-Alessandria, 30 de junio de 1855
Profesión religiosa: Lanzo, 31 de octubre de 1879
Ordenación sacerdotal: Génova, 22 de diciembre de 1883
Defunción: Valencia, 19 de junio de 1930

Nació el 30 de junio de 1855, en San Giorgio Scarampi, provincia de Alessandria (Italia). Ingresó como alumno en Valdocco en vida de Don Bosco, y, una vez acabos los estudios de humanidades, inició el noviciado en Turín (1878-1879), culminándolo con la profesión religiosa en Lanzo, el 31 de octubre de 1879. Ordenado sacerdote en Génova el 22 de diciembre de 1883, Don Bosco lo envió a España.

Trabajó en Sarrià (1887-1892), como catequista, consejero y encargado del oratorio festivo. Fue director de Gerona (1892-1902), donde consolidó definitivamente la presencia salesiana. También trabajó en Sant Vicenç dels Horts (1902-1903), en Valencia (1903-1907, 1909-1930), como vicario parroquial, y en El Campello (1907-1909), como director fundador. Murió en Valencia-San Antonio el 19 de junio de 1930, a punto de cumplir los 75 años.

En El Campello fue muy popular entre la gente de los alrededores. Trabajó con grandísima voluntad por extender la devoción a María Auxiliadora, difundiendo las capillas domiciliarias por San Juan y El Campello. La Archicofradía de María Auxiliadora fue el medio para acercarse a la porción más religiosa del pueblo.

Sus cualidades humanas y religiosas, sobre todo su prudencia, serenidad, sencillez, celo apostólico y humildad le capacitaban para hacer un gran bien. Inmediatamente se convirtió en el padre de todos, el abuelo de los niños y casi el rey de los gitanos.

En Valencia su figura pequeña y encorvada, sus blancos cabellos asomando bajo su gorrito, su deje italiano, sus caramelos a los niños y su cara sonriente quedaron ligados para siempre a la iglesia de San Antonio Abad.

Vagaba por las calles y senderos de la huerta y la feligresía. Todo el mundo se le acercaba y tenía siempre abierta la puerta de todas las casas, aun a los más indiferentes u hostiles a la religión.

Vivía con austeridad y vestía con cierta dejadez. Con frecuencia recorría los patios del colegio, después del recreo, para recoger los mendrugos de pan tirados por los chicos; con ellos se hacía luego su propia sopa.

Murió en Valencia el 19 de junio de 1930, a los 74 años. A su entierro acudió todo el barrio.