Pablo Caballero López
Sacerdote (1904-1936)
Nacimiento: Málaga, 16 de febrero de 1904
Profesión religiosa: San José del Valle, 10 de septiembre de 1921
Ordenación sacerdotal: Granada, 24 de septiembre de 1932
Defunción: Ronda, 28 de julio de 1936
Beatificación: Roma, por el papa Benedicto XVI, el día 28 de octubre de 2007
Nació el 16 de febrero de 1904 en Málaga, séptimo hijo de una familia numerosa. El empleo de su padre, conserje del Banco de España, le obligó a cambiar de lugar con frecuencia.
Pablo fue alumno de los salesianos de Córdoba y en septiembre de 1916 era aspirante en Cádiz. En 1920 ingresó en el noviciado de San José del Valle, profesó el 10 de septiembre de 1921 y allí mismo cursó los estudios de filosofía. En Carmona, durante el trienio 1923-1926, simultaneó las prácticas pedagógicas con el servicio militar, que consistió en impartir una hora diaria de clase a los analfabetos. Estudió teología (1926-1932) trabajando en las casas de Sevilla, Utrera, el Sagrado Corazón de Ronda, Sevilla y Cádiz, desde donde se acercó a Granada para recibir la ordenación el 24 de septiembre de 1932.
Fue destinado como jefe de estudios a la casa de Fuentes de Andalucía (Sevilla) y Montilla (1933-1934). Prosiguió con el mismo cargo en las escuelas de San Teresa de Ronda (1935-1936), donde le sorprendió la Guerra Civil.
Desde la noticia del levantamiento por parte del ejército el 18 de julio de 1936, en la ciudad de Ronda se suceden los desmanes y las detenciones. Los salesianos de las escuelas de Santa Teresa esperaban de un momento a otro un desenlace desagradable. Pablo y otro, para frenar el posible asalto del colegio, conciben la idea de colocar a la entrada del edificio un gran cartel con el rótulo: «Respetad este edificio: es la casa de vuestros hijos». Y surte efecto por unos días. Cuenta un compañero que viendo desde la azotea del colegio los edificios arder, Pablo exclama:
«Me viene en mente el dicho de san Ignacio mártir, quiero ser trigo de Cristo, y el otro de san Pablo, quisiera ser liberado del cuerpo para unirme a Cristo».
El domingo 26 de julio, la comunidad salesiana no ha querido abandonar el colegio, aunque varios antiguos alumnos les ofrecieron sus casas, y celebran la misa. Pablo, por última vez. El lunes 27, se presentan los milicianos para inspeccionar las escuelas. Tras encerrar a los salesianos, comienza el saqueo y el pillaje. Los objetos de culto se amontonan a la puerta de la capilla y se queman. A los salesianos los dispersan. Pablo, junto al subdiácono Honorio Hernández y el clérigo Juan Luis Hernández, son llevados a la pensión «Progreso».
A primeras horas de la mañana del martes 28, un piquete de milicianos se lo lleva junto con los otros dos salesianos del colegio salesiano de Santa Teresa y Miguel Molina, administrador del otro colegio. Los metieron en el vehículo, al que le pondrá por sobrenombre «el Drácula». Atados de dos en dos, fueron fusilados junto a las tapias del cementerio. Sus restos mortales fueron sepultados en una fosa común y después, terminada la guerra, trasladados a la catedral.
Pablo era un salesiano de carácter alegre y temperamento tranquilo, muy cariñoso y comunicativo con todos. El cumplimiento del deber, la puntualidad, su alergia a la murmuración, su fervor en la oración, su vida jovial y humilde fueron algunos de los valores que adornaron su vida.