Campo García, Alejandro

Alejandro Campo García

Sacerdote (1914-1988)

Nacimiento: Arcera-Valdeprado del Río (Cantabria), 22 de octubre de 1914
Profesión religiosa: Villa Moglia, 12 de septiembre de 1934
Ordenación sacerdotal: Shangái, 29 de enero de 1944
Defunción: Santander, 13 de diciembre de 1988

El contacto con la naturaleza, el trabajo en el campo, una familia labradora profundamente cristiana y mariana, le asemejan mucho en el origen a Juanito Bosco, salvo en el caso de un padre, modelo de trabajo y de alegría, que vivió 101 años.

Su vida salesiana se inició en Astudillo (Palencia). Era la primera salida de su casa y de su pueblo.

Recordará siempre el noviciado en Villa Moglia (1934), año de la canonización de Don Bosco.

Acabado el noviciado, partió para las misiones, en Siam. El día 3 de enero de 1935 llegó a la misión de Ratburi. Estudió y aprendió inglés y ball, lengua de la región con cinco tonos, 26 vocales y 44 consonantes. Allí hizo la profesión perpetua, en Bampong, el 12 de septiembre de 1937. Comenzó sus estudios eclesiásticos, pero por la guerra entre la Indochina francesa y Thailandia, debe ir a Shangái. Allí se ordenó sacerdote entre las bombas de japoneses y americanos. Nos describe así ese día: «Faltaban los padres, familiares e incluso los cristianos de nuestra misión, pero éramos 12 salesianos y no faltó la alegría propia de un día tan grande».

Al acabar la guerra, vuelve a Bangkok (Tailandia) y allí se las ingenia para sacar medios y alimentos para las misiones y misioneros, revisando barcos de guerra destinados al desguace. Al final del año 1948 vuelve a España y tras un curso en Arévalo (Ávila) con los aspirantes, es nombrado encargado de las escuelas salesianas de san Juan Bosco de Burceña-Barakaldo.

En Burceña-Cruces vive 18 años. Los ocho últimos, cuando era ya una comunidad canónica, fue su director. Su último destino fue Santander, donde vivió 19 años como encargado de la iglesia, animador de la Archicofradía de María Auxiliadora y profesor de inglés y religión.

El proyecto salesiano, que don Alejandro personalizó y vivió 54 años, ha quedado enriquecido con rasgos y datos propios:

Fortaleza de carácter. Aparentemente semejaba ser un hombre tranquilo, metódico y frío. La experiencia misionera, la fundación de la casa de Cruces y el aguante en su enfermedad mostraron gran fortaleza de carácter y una formación ascética elevada.

Sentido de pertenencia. Las misiones y el año de noviciado con la vivencia juvenil de los lugares salesianos y la canonización de Don Bosco, marcaron en él un tono de gesta y mística a toda su vida.

La vida como don y como ofrenda. Lo que más impresionó y enseñó fue su forma de vivir la enfermedad. Las eucaristías en su habitación los meses de agosto y septiembre, entre dolores agudísimos, eran un canto de gratitud y ofrenda a Dios por sus bondades. Con él, en esos momentos, se aprendía qué significa la eucaristía: un sacrificio y una ofrenda alegre, festiva y confiada. Así lo vivió y así lo enseñó.