Jesús Casado Romo
Sacerdote (1949-2020)
Nacimiento: León, 9 de septiembre de 1949
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1967
Ordenación sacerdotal: Salamanca, 18 de abril de 1976
Defunción: Arévalo, 29 de marzo de 2020
Jesús Casado nació en León, donde residían entonces sus padres, Jesús y Asunción, pero su procedencia era la del pueblo salmantino de Hinojosa del Duero, en la comarca de Las Arribes, fronteriza entre España y Portugal. Su familia era muy religiosa y no es nada extraño que en ella floreciera su vocación sacerdotal. Otros ilustres salesianos de Hinojosa influyeron sin duda en el que su vocación se dirigiera hacia la Congregación salesiana.
Después de los estudios previos al noviciado, marchó a Mohernando, donde profesó el 16 de agosto de 1967. Los estudios de filosofía los cursó en la Escuela de Magisterio de la Iglesia de Guadalajara, donde obtuvo el título de maestro. El tirocinio práctico definió de una manera clara su interés por los jóvenes. Sus estudios de teología los realizó en el estudiantado teológico salesiano de Salamanca, filial de la Universidad Pontificia Salesiana de Roma, donde obtuvo el título de Bachiller en Teología. Fue ordenado sacerdote en Salamanca el 18 de abril de 1976.
Pero ya durante los cuatro años pasados en el estudiantado teológico su atención la puso en los grupos organizados de jóvenes a los que dirigía en sus excursiones y en sus actuaciones de campo. Será este el ámbito preferido de su apostolado, al margen de la docencia, en los colegios donde la obediencia lo destinó: colegio de Domingo Savio de Madrid (1977-1978; 1985-1987; 1996-2012); colegio de Puertollano (1978-1985); Madrid-Fuenlabrada (1987-1991); Salamanca María Auxiliadora (1991-1993); Aranjuez (1993-1996); Madrid Carabanchel Alto (2012-2014) y finalmente en la casa de enfermos de Arévalo (2014-2020), donde murió el 29 de marzo en pleno periodo de alarma sanitaria por el coronavirus.
Jesús Casado es digno de la más alta admiración. Nunca gozó de buena salud. La debilidad mayor la tenía en sus piernas, tanto que los últimos años los pasó en silla de ruedas, con la que se movía por todas partes. Siempre sonriente, siempre animoso y optimista como si gozara de plena salud. Con los grupos de jóvenes organizaba excursiones, campañas, cursos, etc. sin que ni su falta de facultades físicas, ni las condiciones meteorológicas lo pudieran parar o desanimar. Era proverbial pronosticar mal tiempo cuando Jesús salía de excursión al campo con los chicos. Nada extraño que lo apreciaran y estuvieran tan unidos a él. Añádase a todo eso su bondad natural, su serenidad, su buen sentido, la piedad y la devoción a María Auxiliadora y a la Congregación para hacer de él un gran salesiano, uno que dio su vida hasta lo último por servir a la juventud. No necesitará ciertamente silla de ruedas para gozar plenamente de Dios en el cielo.