Conde Hernández, Rafael

Rafael Conde Hernández

Sacerdote (1914-1976)

Nacimiento: Cabeza de Caballo (Salamanca), 15 de enero de 1914
Profesión religiosa: San José del Valle, 21 de noviembre de 1933
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 19 de junio de 1943
Defunción: Cádiz, 5 de febrero de 1976

Nace en el pueblo salmantino de Cabeza de Caballo, en el seno de una familia profundamente religiosa, hacia la que siempre se sintió fuertemente unido.

Realiza sus cinco años de aspirantado en las casas de Cádiz y Montilla entre 1927 y 1932. A continuación, en San José del Valle hace el noviciado, la profesión el 21 de noviembre de 1933 y, seguidamente, los estudios de filosofía.

En Utrera (1935-1939), como clérigo trienal, compagina las prácticas educativo-pastorales con el inicio de los estudios teológicos, que continuará, durante un año, en Córdoba y, finalizada la Guerra Civil española, en Carabanchel Alto, donde es ordenado sacerdote el 19 de junio de 1943.

Su vida sacerdotal discurre, siempre como encargado de los estudios y de la disciplina, en las casas de Sevilla-Trinidad, Campano, Utrera, Alcalá de Guadaíra, Pozoblanco, Sevilla-Hogar de San Fernando (administrador) y Cádiz-Hogar Valcárcel. Siguen tres años de confesor en la escuela sindical de Puerto Real y después es destinado a Cádiz-Colegio como administrador.

Le afecta una hepatitis, que aconseja su traslado a Sevilla, para al curso siguiente volver, ya siempre como confesor, a Puerto Real, Jerez-Inmaculada Concepción y, por fin, Cádiz-colegio, con su salud debilitada por el alto grado diabético y la dolencia hepática.

Rafael se presentó siempre como un gentil caballero, pulcro y delicado en su trato; por más que su tarea de encargado de la disciplina le hiciese aparecer como un tipo duro, hasta hubo quien lo calificó de ser el clásico consejero de los años cincuenta.

Sus numerosos antiguos alumnos y cuantos convivieron con él dan valiosos testimonios de su persona y su actuación, testimonios que se acrecentaron a raíz de su enfermedad y de su muerte, ensalzando, ante todo, la amable acogida que dispensaba a cuantos por cualquier motivo se le acercaban.

De su amor a la Congregación da fe el trabajo incansable que desarrolló durante su vida, su preocupación por la asistencia salesiana y el respeto con que trataba a los superiores. Su devoción a la Virgen fue ejemplar: se le veía durante su última enfermedad dar incansables vueltas a las cuentas del rosario.

En el verano de 1975 su salud empezó a agravarse con complicaciones de hernias inguinales, que hubo que operar, y hemorragias digestivas casi continuas. En el marco de la festividad de San Juan Bosco, recibe con edificante actitud cristiana la unción de los enfermos y el 5 de febrero de 1976, acompañado de un grupo de hermanos, antiguos alumnos y amigos, al atardecer, Rafael fallecía, a los 62 años de edad.