Korbas Janeczkowiak, Juan Cancio

Juan Cancio Korbas Janeczkowiak

Sacerdote (1893-1976)

Nacimiento: Dakovy Suche (Polonia), 15 de octubre de 1893
Profesión religiosa: Wernsee (Austria), 8 de septiembre de 1914
Ordenación sacerdotal: Roma, 6 de agosto de 1922
Defunción: Valencia, 7 de marzo de 1976

Don Juan Cancio nació el 15 de octubre de 1893 en Dakovy Suche, provincia de Poznania (Polonia). Ingresó en el aspirantado piamontés de Penang (Italia) para jóvenes de habla alemana. Hizo el noviciado en Wernsee (Austria), donde profesó el 8 de septiembre de 1914. Tras los estudios de filosofía y los azarosos años de la Primera Guerra Mundial, realizó el trienio práctico en la obra salesiana austriaca de Unter-Waltersdorf. Estudió teología en la Universidad Gregoriana de Roma, donde fue ordenado sacerdote el 6 de agosto de 1922 y obtuvo después el doctorado en Filosofía y en Teología Moral.

Su primer destino pastoral fue Fulpmes (Austria) con los hijos de María; le seguirán el Hogar de los Muchachos de Viena, la obra salesiana de Helenenberg (Alemania), el estudiantado teológico de Benedicktbeuern donde imparte clases de teología moral y la ciudad de Marienhausen, durante los años difíciles del gobierno de Hitler. Perseguido por la GESTAPO, tuvo que huir a Lemberg (Polonia), a Budapest (Hungría) y a Turín, adonde llegó después de un viaje lleno de dificultades. Y de aquí fue destinado a España. Así termina, como decía él mismo, la primera parte de su vida.

Aún le esperan 36 años, los que vivirá en paz y sosiego en la casa salesiana de Valencia-San Antonio, a donde llega el 7 de marzo de 1940, procedente de Barcelona. Se dedicó con ilusión a estudiar el castellano, de tal forma que rápidamente lo dominaría con precisión y soltura, lo que le permitió enseguida entregarse de lleno a la docencia y a la predicación. Se sintió pronto un español más, de tal modo que adquirió ilusionado la nacionalidad española, aunque sin olvidar jamás sus raíces.

Se entregó con entusiasmo en su nuevo destino al trabajo con los chicos del externado de San Antonio Abad, procedentes de ambientes muy populares.

«Hemos conocido a don Juan Cancio» —decía el padre inspector en su funeral— «arrinconando en el baúl del olvido sus altos títulos académicos obtenidos en Roma, y entregándose con entusiasmo y constancia a la formación de tantos muchachos sencillos de Valencia y pueblos vecinos, y haciéndose como ellos para hacerlos hombres y cristianos».

Por ellos derrochó todo su amor y su saber; con humildad y sencillez. En su trabajo escolar con los chicos, fue un consejero de actuación exacta y eficaz, exigente en la disciplina, con habilidad para pasar de las bromas y camaradería en tiempos de recreo a la seriedad de las clases.

Cultivó una estrecha relación de colaboración con los maestros, con los que formó un verdadero equipo solidarizado con la labor educativa y pastoral del colegio.

Animoso y fuerte como un roble, don Cancio se dedicó a la difícil labor de forjar hombres, infundiéndoles el espíritu salesiano del trabajo y la alegría de vivir. Aprovechaba todas las ocasiones para fomentar la unión y el espíritu de familia, celebrando onomásticas, organizando las fiestas salesianas, realizando excursiones…

Dotado de sólida formación teológica, supo abrirse a los nuevos enfoques y aires del Concilio Vaticano II, lo que le permitió un servicio competente de la Palabra de Dios en la parroquia. En los encuentros de acción pastoral, su palabra era atinada, abierta y segura.

Siguió trabajando con entrega total hasta que su fuerte fibra fue debilitándose poco a poco y se quebró a la edad de 82 años. Dejó en Valencia muchísimos amigos, conquistados por su gran corazón.