Javier Díaz Hualde
Coadjutor (1935-2017)
Nacimiento: Pamplona, 25 de mayo de 1935
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1951
Defunción: Logroño, 26 de agosto de 2017
El día 12 de septiembre de 1946 llegaba Javier, con otros compañeros, al colegio salesiano de Santander, para empezar el aspirantado. Al año siguiente fue a Arévalo (1947-1950), donde, dice un compañero suyo, el cargo que le asignaron los superiores fue el de tocar el piano.
En esta «asignatura» destacó ya desde entonces y habría de ser con el tiempo, la afición y habilidad que llenara su vida, pues, la música y sus «opus» fueron para él su refugio y, para los demás, momentos de expansión en tiempo de colegio y de campamento.
Con el tiempo, llegaría a tal punto su virtuosismo, que era capaz de reproducir de memoria, solfeando, las piezas musicales clásicas y complicadas que reproducían diversos aparatos.
La enfermedad truncó estas posibilidades en la vida de Javier. Seguro que las puertas de la nueva ciudad se han abierto para él con algunas de las melodías que compuso durante su vida para alegría y regocijo de los que le escuchaban en los diversos sitios por donde fue dejando su vida.
Después de su noviciado en Mohernando (1950-1951) y de sus estudios de filosofía (Madrid-San Fernando y Guadalajara, 1951-1952), realizó su tirocinio, que para él fueron seis años, en varias casas (Madrid-Paseo de Extremadura, Barakaldo, Puertollano).
Finalmente, en 1959 fue admitido a realizar sus estudios de Teología en Carabanchel Alto donde, por entonces, estaba el Teologado. La ilusión por el sacerdocio parecía tocarse con la mano, pero en el año 1959 se truncó también, por enfermedad, esa ilusión que desde el inicio de su aspirantado llevaba como ideal.
Ese año comenzó para Javier un doloroso peregrinar por diversas casas en busca de una curación que nunca llegaría. En su peregrinar, Javier pasó por las casas de Burgos (Sarracín), por Urnieta, por diversos sanatorios (de los que varias veces desgranaba sus recuerdos, aventuras, desventuras y amistades), por El Royo (Soria), recalando finalmente en la sede inspectorial de Bilbao (Deusto) donde más largo tiempo permaneció (1980-2010).
Durante estos años en Deusto, fue el organista oficial, si no de todas, de casi todas las misas que en nuestra hermosa y alegre iglesia se celebraban, sin contar las bodas y otros acontecimientos que en ella tenían lugar y que contaban siempre con la animación musical de Javier.
«Yo soy salesiano», repetía con frecuencia. Y un salesiano manso, paciente, soportando sin agresividad las circunstancias en que le colocaba su enfermedad. Puntual a las prácticas de piedad comunitarias y sin faltar a ellas, se distinguía también por su devoción a María Auxiliadora, que frecuentemente tenía en sus labios y que, según él, le daba mucha paz.
Su vida ha tenido muchos accidentes musicales; quizá a los ojos de quienes con él convivían abundaban más los sostenidos y bemoles y hasta los acordes chirriantes y desacordes, que llamaban la atención. Pero la partitura final, la que Dios tiene ante sí y dirige, es de más colorido y más altura. Quizá con una sola nota redonda y ampliada, donde su voluntad y la de Javier se ha encontrado y donde confluyen todos los bemoles y sostenidos terrenales.
Nunca tuvo dinero en el bolsillo, fuera de algunos sellos que se procuraba, con los que enviaba sus numerosas cartas a sus conocidos. Sin «apego» a las cosas. A las únicas cosas que sentía algún «apego», era a sus composiciones musicales, que le servían también de entretenimiento. Y aun de ellas se despojó radicalmente. Cuando el director de la comunidad le acompañó a Logroño, le llevó sus pertenencias, prometiéndole que en unos días le llevaría lo que no había podido llevarle entonces. Cuando, a los pocos días, volvió, con sus cosas más personales, que antes no había permitido que ni siquiera se tocaran (partituras, composiciones y recuerdos que guardaba como oro en paño), le dijo Javier: «¡No quiero nada; me sobra todo; lléveselo!». ¡Despojo radical!
En el año 2010 se trasladó a Logroño, a la residencia Zatti, donde permaneció hasta el fin de sus días, el 26 de agosto de 2017.