Félix Muñoz Pérez
Sacerdote (1923-2017)
Nacimiento: Mirandilla (Badajoz), 28 de abril de 1923
Profesión religiosa: Mohernando, 19 de septiembre de 1943
Ordenación sacerdotal: Madrid, 24 de junio de 1951
Defunción: Arévalo (Ávila), 10 de agosto de 2017
Félix nació en el pueblo extremeño de Mirandillas en la provincia de Badajoz. Sus padres fueron Emilio Muñoz y Rosalía Pérez. Fue enviado a estudiar bachillerato al colegio salesiano de María Auxiliadora de Salamanca y allí prendió en él, como en tantos otros alumnos del colegio, el deseo de hacerse salesiano.
Ingresó en el noviciado de Mohernando el 12 de agosto de 1942 y allí hizo su profesión religiosa el 19 de septiembre de 1943. Realizó los estudios de filosofía en los años 1943 y 1944 e hizo el trienio práctico en el colegio del Paseo de Extremadura de Madrid. Tras el trienio accedió a los estudios de teología en Carabanchel Alto, donde fue ordenado sacerdote en 24 de junio de 1951.
Inmediatamente fue destinado como consejero al colegio salesiano de Madrid-Atocha, pasando después al del Paseo de Extremadura. Tras un año en Barakaldo como prefecto de la comunidad, volvió al Paseo de Extremadura, donde durante 12 años ocupó diversos cargos: prefecto, catequista, vicario. En 1974 fue enviado a la casa de Atocha como profesor y ayudante de la parroquia. En 1988 ocupó el cargo de ecónomo de la casa inspectorial y después como encargado de los bienhechores salesianos. Durante muchos años fue a ayudar a las catacumbas de San Calixto, como guía de español para los numerosos grupos de españoles que las visitaban.
Don Félix se distinguió siempre por su orden tanto en el trabajo, como en la vida ordinaria, por su responsabilidad y puntualidad, frutos de una disciplina aprendida desde niño, que exigía una vida austera y ordenada. Esto se traducía en una visible finura espiritual, que trataba de responder al Señor, entregándose a él sin reserva. Resaltaba mucho en él la atención a los bienhechores, deseando así imitar a Don Bosco, que sabía corresponder a los que colaboraban con él en sus obras.
También, como Don Bosco, tenía gran preocupación por las vocaciones, tanto por el número como por la buena calidad; por eso sufría al ver ciertas mediocridades y defecciones.
Se mantuvo durante muchos años en perfecto estado de salud, pero al final le sobrevinieron una serie achaques que no pudo superar. Había manifestado muchas veces su deseo de ser cuidado en Arévalo en sus últimos días, por eso no tuvo inconveniente de aceptar su traslado a la residencia de enfermos de aquella casa. Poco tiempo vivió en la residencia, pues murió a los pocos días de su llegada, el día 10 de agosto de 2017.