Dios González, Manuel de

Manuel de Dios González

Sacerdote (1909-1982)

Nacimiento: Quintas de Coedo (Orense), 1 de junio de 1909
Profesión religiosa: San José del Valle, 8 de septiembre de 1930
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 1 de junio de 1941
Defunción: Huelva, 23 de diciembre de 1982

Nace en el pueblo orensano de Quintas de Coedo, de cristiana familia de labradores y entre gente sencilla, humilde y trabajadora. Su hermano menor y su hermana abrazaron la vida salesiana. Conservará siempre un arraigo entrañable a su terruño gallego.

Los estudios elementales los hizo en el colegio salesiano de Málaga, mientras su paisano don Gregorio Ferro era el director. Hace el aspirantado en Cádiz y en Montilla, después marcha a San José del Valle, donde hace el noviciado, coronado felizmente con la profesión religiosa el 8 de septiembre de 1930. Cumple un año de servicio militar en Marruecos (1930-1931) y vuelve a San José del Valle a estudiar filosofía (1931-1933).

Los años de prácticas pedagógicas los realiza en Morón, Córdoba y Utrera, simultaneando en esta última el trabajo con los estudios teológicos, que después de la Guerra Civil termina en Carabanchel Alto, donde recibe la ordenación sacerdotal el 1 de junio de 1941.

Pasó por numerosos colegios, desempeñando diferentes cargos: catequista en Sevilla-Triana, Málaga y Morón. De nuevo en Sevilla-Triana, ahora como administrador, cargo que ejercerá en Córdoba, San José del Valle, Alcalá de Guadaíra y Puerto Real. Durante 11 años desarrolla la misión de párroco en Algeciras (1954-1965).

De 1971 a 1977 es confesor en La Línea de la Concepción, Utrera y La Palma del Condado; luego regresa cinco años a San José del Valle, como coadjutor de la parroquia, para en septiembre de 1982 pasar a Huelva, que ha de significar su última meta como buen religioso y fiel administrador.

Su personalidad humana se traducía en piedad sentida y en vida apostólica entregada y silenciosa. Sorprendía su fino sentido del humor, que hacía agradable el trato con él. Traslucía su sencillez particularmente disfrutando de alegrías comunitarias, donde siempre ocupaba el primer puesto de servidor a los hermanos en los pequeños e insignificantes detalles que a cualquiera escapaban menos a él.

La pulcritud y el orden en toda su persona y objetos de su uso fue fiel reflejo de un alma limpia. Como sacerdote hay que destacar una clara transparencia de sentida y sincera piedad siempre edificante y digna, rondando la escrupulosidad en el rezo del breviario.

Su salesianismo lo traducía en amor a la Congregación, en el empeño en que nuestra prensa, en especial el Boletín Salesiano, llegase al mayor número de personas, repartiéndolo mensualmente él mismo a los alumnos en las clases. Y como auténtico hijo de Don Bosco, punto y aparte merece su devoción filial a María Auxiliadora: para Ella siempre sus mejores detalles, las visitas frecuentes y su esfuerzo por que, en su época de párroco en Algeciras, las capillas domiciliarias llegasen a todos los hogares.

La muerte de Manuel de Dios no será fácil de olvidar por tratarse del primer salesiano fallecido en la casa de Huelva. Murió el 23 de diciembre de 1982, cuando acababan de regresar del retiro trimestral que la Familia Salesiana había celebrado en la casa de Sanlúcar la Mayor. Durante la cena, un paro cardiaco le originó la muerte fulminante. Tenía 73 años de edad.