Domínguez Castellano, Modesto

Modesto Domínguez Castellano

Coadjutor (1879-1970)

Nacimiento: Llerena (Badajoz), 15 de marzo de 1879
Primera profesión religiosa: Sarrià, 31 de diciembre de 1900
Segunda profesión religiosa: San José del Valle, 27 de septiembre de 1933
Defunción: Sevilla, 28 de enero de 1970

Nació en Llerena, provincia de Badajoz, en el seno de una familia con 16 hijos, la mayor parte de los cuales murieron prematuramente. Su padre era militar y tuvo a gala vivir en el hogar conforme a la voluntad de Dios. Nada de particular, pues, que en tal clima surgiera la vocación religiosa de Modesto y la de otro hermano que llegaría a ser sacerdote diocesano.

El padre se traslada a Sevilla con toda la familia. Los salesianos acababan de llegar también a esta ciudad y en 1895 ingresa Modesto en la casa de la Santísima Trinidad como alumno. Después de unos meses solicita ser admitido en la Congregación y en septiembre del siguiente año inicia, como coadjutor, su noviciado en Barcelona-Sarrià, al mismo tiempo que completa los conocimientos del oficio de encuadernador. El 31 de diciembre de 1900 hace los votos perpetuos.

En 1901 está en la casa Sevilla-Trinidad, alternando el oficio aprendido con sus aficiones a la música. Pasará después por Carmona, Écija y Utrera (1905-1907). Pasa entonces (hasta 1932) un período de tiempo fuera de la Congregación ayudando a la familia.

En 1932 es admitido nuevamente al noviciado en San José del Valle y profesa el 27 de septiembre del año siguiente. Parte de inmediato para Las Palmas de Gran Canarias, donde durante tres años alterna la labor de taller con la de ayudante de música. Es destinado, como encargado de la librería, nuevamente a la casa de Sevilla-Trinidad hasta 1944, y en este año marcha a Madrid para colaborar en la librería de la SEI que se acababa de fundar.

En 1945 se abría el estudiantado filosófico de la inspectoría bética en Utrera, y es destinado allí para atender al santuario. Tras cinco años pasa a la casa de Málaga. En 1953, es trasladado a Sevilla-Hogar de la Macarena, donde permanece hasta su muerte.

Murió serenamente en las primeras horas del 28 de enero de 1970, primer día del triduo de preparación a la fiesta de Don Bosco, a los 90 años.

Sobresalió por su orden, limpieza y presentación de su persona, virtudes humanas que hacían de él un hombre muy educado. Fue un hombre sencillo, trabajador incansable durante su larga vida que, sin hacer cosas grandes, supo conjugar su oficio con su amor a la Congregación.