Francisco de la Hoz i Cavielles
Sacerdote (1901-1970)
Nacimiento: Santander, 6 de junio de 1901
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 25 de julio de 1920
Ordenación sacerdotal: San José del Valle, 30 de agosto de 1931
Defunción: Sevilla, 10 de febrero de 1970
Nace en Santander en 1901. A los 6 años entra en la casa salesiana de su ciudad. En 1915 ingresa en el aspirantado de El Campello para pasar en 1919 a Carabanchel Alto, donde hace el noviciado y la profesión religiosa trienal el 25 de julio de 1920, cursa filosofía y trabaja como joven trienal en las casas de Barakaldo y Madrid-Atocha (1923-1926).
Sorprende que realice un nuevo año de noviciado en San José del Valle que comienza el 2 de septiembre de 1927 y concluye el 3 de septiembre de 1928 con la profesión temporal. De inmediato es destinado a Utrera, compaginando la docencia con los estudios de teología hasta lograr la meta del sacerdocio en San José del Valle el 30 de agosto de 1931. En Sevilla celebra su primera misa.
Desempeña su labor sacerdotal en Montilla por un año, como consejero escolástico, y por dos en Sevilla-Trinidad, en cuya universidad obtiene la licencia en Filosofía y Letras en 1935.
En el sexenio 1936-1942, se estrena como joven director en Ronda. Realiza la tarea de restañar las heridas profundas abiertas por la Guerra Civil. Comienza la tarea de convertir el colegio, de hospital de sangre durante la guerra, en centro modélico de segunda enseñanza; de reconstruir la iglesia de Santa María, desde la que, nombrado su párroco, prodigará su celo por toda la serranía de Ronda.
En el curso 1942-1943 pasa a dirigir el colegio de Córdoba; al año siguiente es designado primer director de la Residencia Universitaria Salesiana (RUS) de Sevilla (1943-1950), a la que supo imprimir estilo y orden, así como combinar en ella el sentido y valores religiosos con la cultura universitaria de auténtico nivel intelectual.
Sus antiguos residentes le prepararon un homenaje y la concesión de la Cruz de Alfonso X el Sabio, pero, poco amigo de homenajes, desapareció discretamente. Fue nombrado miembro numerario de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, tomando posesión el 8 de junio de 1947 con un memorable discurso.
A excepción del paréntesis madrileño (1950-1953), al frente de Ediciones Don Bosco y del Boletín Salesiano, hasta su muerte el campo de su asombrosa actividad será Sevilla, como confesor en la RUS, catequista en la Universidad Laboral, confesor en la Trinidad, Utrera, Triana y finalmente en la casa inspectorial, como encargado de la Familia Salesiana.
Su vida de trabajo fue modélica. En más de una ocasión confesó a su director que durante años enteros había trabajado hasta las tres de la madrugada con el deseo de conseguir el índice más alto de rendimiento.
Destacamos algunos perfiles de su rica personalidad:
– Como director de espíritus, dirigió a muchas comunidades religiosas, con gran libertad de conciencia y profundo sentido humano.
– Su afecto a la Congregación lo llevó no solo a la entrega de su vida, sino a extender el conocimiento del fundador, san Juan Bosco, en escritos que él modestamente llamó Florecillas. La vivencia del espíritu salesiano quedó configurada en su obra maestra, el Colegio Mayor Universitario San Juan Bosco de Sevilla. Sus actitudes parecían una copia del maestro y patrono de la Congregación, san Francisco de Sales, al que tuvo devoción exquisita como salesiano y como periodista católico.
– Amaba la letra impresa como vehículo de la palabra, de la buena noticia, del mensaje de Cristo. Hasta el final colaboró diariamente en el Correo de Andalucía con una columna intitulada «Páginas familiares de Sevilla».
– La mayoría de sus escritos abordan temas de salesianidad sobre sus tres grandes amores: Francisco de Sales, Don Bosco y María Auxiliadora. De san Francisco de Sales publica sus escritos en la BAC, Obras selectas de San Francisco de Sales (2 vols.). Sobre Don Bosco escribe, en pequeños volúmenes, Florecillas de Don Bosco y Meditaciones Salesianas, que durante muchos años llenaron un vacío en la espiritualidad salesiana; son innumerables los artículos y colaboraciones en revistas salesianas (Boletín Salesiano, Don Bosco en España); funda la revista Orientación para universitarios y cultiva también el género biográfico: Del valle a la montaña, De la guerra a la paz, José María González Gragero.
El 10 de febrero de 1970, a las tres de la tarde, mientras estaba descansando sentado en el sillón junto al calentador, fallecía repentinamente a los 68 años de edad. Los funerales constituyeron una gran manifestación de duelo. Grandes figuras de las letras se unieron al duelo, acompañándolo en el funeral y entierro.