Escrig Miralles, Francesc

Francesc Escrig Miralles

Coadjutor (1920-2004)

Nacimiento: Adzaneta del Maestrat (Castellón), 22 de julio de 1920
Profesión religiosa: Sant Vicenç dels Horts, 16 de agosto de 1947
Defunción: Barcelona, 30 de octubre de 2004

Nació el 22 de julio de 1920 en Adzaneta del Maestrat, en Castellón. En 1938 fue llamado a filas por el ejército de la república y enviado al frente de Teruel en primera línea. Aprovechando una oportunidad, se pasó al bando nacional, y fue destinado a un campo de concentración de Pamplona. De allí le sacó su paisano don Manuel Nácher, que era de la comunidad salesiana de Pamplona. Durante un mes residió en ella y tuvo ocasión de conocer a Don Bosco.

Fue movilizado al cabo de un mes en el ejército nacional y tuvo que marchar al frente en la provincia de Castellón, donde permaneció hasta el final de la guerra. Ya en el pueblo, unas lecturas de carácter religioso le sirvieron de estímulo para tomar la decisión de hacerse religioso.

El 15 de abril de 1945 volvía otra vez a las escuelas profesionales salesianas de Pamplona. Allí se fue preparando cultural y profesionalmente. En agosto de 1946 ingresó en el noviciado en Sant Vicenç dels Horts, donde profesó como coadjutor el 16 de agosto de 1947.

Se formó en la rama de electricidad en Sarrià, donde permaneció durante 11 años como formando, asistente y maestro de taller. En septiembre de 1958 fue enviado a los Hogares Mundet para montar el taller de electricidad y de electrónica. Allí trabajó con esfuerzo e ilusión para dar una preparación técnica, profesional y humana a sus alumnos. Permaneció hasta 1982, cuando se rescindió el contrato con la diputación de Barcelona. De allí pasó a Sarrià. Murió en Martí-Codolar, donde se encontraba desde el año 2000, el 30 de octubre de 2004, a los 84 años.

Era una persona discreta y prudente, algo tímida y reservada, pero con un fino sentido del humor y una sonrisa que encantaba e inducía a la confianza. Aunque fue autodidacta en su oficio y en pedagogía, supo aprender las lecciones fundamentales del estilo salesiano: trabajo a conciencia, asistencia acogedora a los alumnos y descubrimiento y valoración de lo que cada uno sabía hacer bien. Era una persona ordenada y meticulosa, que no daba por perdido ni un tornillo, austera y ahorrativa.

Durante muchos años se encargó de proyectar las películas en la casa de Sarrià y de Mundet. También formó parte de la orquesta, en la que tocaba el clarinete. En síntesis, su larga vida se podría resumir en la sencillez en el trato, la entrega diaria al servicio de los demás, cercanía a los chicos, fidelidad a las prácticas religiosas y una gran confianza en Dios.