Iruin Garmendia, Iñaki

Iñaki Iruin Garmendia

Coadjutor (1950-2004)

Nacimiento: Zaldibia (Guipúzcoa), 8 de septiembre de 1950
Profesión religiosa: Urnieta (Guipúzcoa), 16 de agosto de 1968
Defunción: San Sebastián, 12 de noviembre de 2004

Iñaki nació en Zaldibia, pueblo cercano a Beasain, en el Goierri guipuzcoano, y fue el quinto de siete hermanos. Exceptuado un breve paréntesis pasado en Santander y San Sebastián-Intxaurrondo, desde los 14 años en que llega al colegio, toda su vida (aspirantado, noviciado, actividad y misión educativa, apostólica y salesiana), transcurre en la casa de Urnieta.

En la primavera del año 2000 se le detectó un tumor cerebral del que fue intervenido satisfactoriamente y, tras el adecuado tratamiento y posterior recuperación, siguió desempeñando su labor salesiana con plena ilusión en los talleres de garantía social de María Auxiliadora en Intxaurrondo-San Sebastián.

Dos podrían ser las palabras que definan la persona de Iñaki: salesiano y amigo. Iñaki era ante todo salesiano. Desde ahí proyectó toda su vida y todo su trabajo, con un gran amor a Don Bosco y María Auxiliadora, de profunda delicadeza hacia los hermanos, especialmente hacia los mayores, optimista por naturaleza, confiando en los valores de las personas, cercano a los más necesitados. Hasta en los últimos días invocaba al Señor repitiendo: «Jauna, maite zaitut, Dios mío, te quiero». En su último mes de vida se intensificaron los gestos de oración hacia Jesús, María Auxiliadora y Don Bosco.

Tenía muy claro qué era lo primero y más importante en un ambiente salesiano, y por eso cuidaba con especial esmero las celebraciones religiosas de cada fiesta escolar y otros acontecimientos, tanto en los talleres como en el colegio: ambientaba y decoraba con gusto los espacios, animaba de manera única con su ejemplo y convicción al canto y la participación.

Iñaki era un educador nato. Había descubierto, y sin duda aprendido también en el seno de su propia familia, cuál es el secreto de la educación: el corazón. Y desde ahí era capaz de enseñar las materias correspondientes o hablar con el alumno de los temas más importantes de su vida: la familia, el trabajo, las amistades, el tiempo libre y también de su vida como cristiano.

Iñaki mantuvo la chispa de la conversación agradable y de la sonrisa abierta hasta el último momento. Supo dar el primer paso en situaciones de distanciamiento, buscar siempre las soluciones más humanas, animar y creer en las personas, dar una segunda y una tercera oportunidad a quien había perdido la primera. Simpatía y humanidad que se manifestaban también en rasgos de amor a su tierra, sus paisajes, al mar, a su lengua, a sus tradiciones, a su folclore y sus cantos.

Su sensibilidad artística le hacía conocer y valorar la música, formar pequeños coros que animaran celebraciones o momentos festivos, impulsar un ambiente agradable y sereno a su alrededor con carteleras y plantas, allí donde se encontrara. Disfrutaba con sus alumnos, ya fuera en el patio o en el despacho; quería a todos y todos le querían, a la vez que todos sabían que él era feliz en su casa salesiana y con ellos.