Marcelo Fernández Pozuelos
Coadjutor (1901-1991)
Nacimiento: Renedo de Valderaduey (León), 30 de diciembre de 1901
Profesión religiosa: Cumiana-Turín (Italia), 23 de septiembre de 1929
Defunción: Arévalo, 29 de julio de 1991
Nació en Renedo de Valderaduey, pueblecito de la provincia de León, el 30 de diciembre de 1901, en el seno de una familia numerosa y modesta. Como no era raro entre las familias de esa tierra sana y cristiana, Marcelo quería ser sacerdote. Era piadoso y con especial aptitud para los estudios, pero no tenía recursos para costearse la carrera. Su padre descartó de plano esta pretensión. Algunos de los hermanos también eran reacios. Por fin, el padre permitió que estudiara en los maristas de Carrión de los Condes (Palencia). Cumplidos los 17 años, fue a Barcelona para hacer el aspirantado, pero cayó enfermo y debió regresar a su casa.
Cuando contaba con 27 años, cayó en sus manos una hoja de la Hormiga de Oro, en la que se anunciaba el establecimiento de los salesianos en Astudillo (Palencia). Vio el cielo abierto. Le dijo a su padre que se iba a Palencia a buscar trabajo y el padre accedió. Marcelo se marchó a Astudillo y se presentó a don Pedro Olivazzo, que le orientó hacia la vocación de coadjutor.
Tras realizar el noviciado en Italia y profesar en Cumiana (Turín), es destinado a Astudillo. De Astudillo fue a Salamanca-María Auxiliadora para encargarse de la finca de Santa Marta. Pero aquello era un pedregal. Había que cribar el pedregal, cambiar la tierra y echar mantillo nuevo, aportar agua y fertilizantes. Solo la paciencia y el esfuerzo consiguieron ponerla a punto de producción. La finca llegó a hacerse presentable y productiva gracias al trabajo de don Marcelo, aunque su salud comenzó a resentirse.
Don Alejandro Vicente lo destinó a Saldañuela, como asesor y responsable de la granja-escuela que la Caja de Ahorros de Burgos había encomendado a los salesianos. No se encontraba contento. Se sentía un asalariado y a merced de la veleidad de otros. Don Maximiliano Francoy le mandó al teologado de Salamanca como enfermero y encargado de la huerta. Tras un breve tiempo en Santander, de nuevo es destinado al teologado como enfermero y, más tarde, al seminario de Arévalo, como enfermero y portero hasta su muerte. Los aspirantes llegaron a venerarlo por su bondad sencilla y generosa, se le acercaban con frecuencia a pedirle consejo, que consideraban valioso y certero a la hora de solicitar ir al noviciado.
Falleció en Arévalo el 29 de julio de 1991, a los 89 años de edad.