Fernando Ferrándiz Espí
Sacerdote (1930-1986)
Nacimiento: Alcoy, 12 de mayo de 1930
Profesión religiosa: L’Arboç del Penedès, 16 de agosto de 1951
Ordenación sacerdotal: Tibidabo, 29 de junio de 1960
Defunción: El Campello, 13 de junio de 1986
Nació en Alcoy el 12 de mayo de 1930 en el seno de una familia muy cercana a los salesianos, en la que brotaron dos vocaciones para la Congregación.
El colegio salesiano de aquellos años disfrutaba de una gran fecundidad vocacional gracias al clima de piedad, de apostolado juvenil y de sana alegría. Allí nació la vocación de Fernando, que marchó como aspirante a Sant Vicenç dels Horts. En L’Arboç del Penedès hizo el noviciado y la primera profesión religiosa el 16 de agosto de 1951. Prosigue los estudios de filosofía en Gerona y Sant Vicenç dels Horts, hace el trienio práctico en Sarrià y culmina su etapa formativa en el teologado de Martí-Codolar, donde recibe la ordenación sacerdotal el 29 de junio de 1960.
Estrena su sacerdocio en Ibi como asistente de novicios. Comienza así su misión salesiana como formador de futuros salesianos, a la que habría de dedicar gran parte de su vida. Después de un año como catequista en Valencia-Calle Sagunto, y otros dos en El Campello, en 1964 es nombrado director de la nueva presencia salesiana en el Hogar Provincial de la Diputación de Albacete. Fernando, joven, lleno de ilusión y de creatividad, se gana el corazón de los niños. Su paternidad, a semejanza de la de Don Bosco, encontró ancho campo entre aquellos muchachos carentes de calor familiar. Y ganó amistades tan profundas que duraron hasta su muerte.
En 1970 y durante tres años lo encontramos nuevamente en El Campello, esta vez como director y formador de seminaristas salesianos. Tras un año de renovación espiritual y de formación permanente en Roma, vuelve en 1974 a El Campello donde, durante cinco años, ejerce como director y delegado inspectorial para la pastoral vocacional. En esos años visita colegios y mantiene numerosos contactos con jóvenes que sienten el brote vocacional.
Por un año (1979-1980) es llamado a Valencia a dirigir la reciente comunidad de estudiantes de teología. Y de nuevo, y por tercera vez, vuelve como director a su querida casa de El Campello. En este período reestructuró la casa en sus aspectos materiales y dio nuevo impulso a la misión salesiana en los diferentes ambientes. No obstante, con pena vio cómo descendía el número de aspirantes salesianos, pero, al mismo tiempo, con alegría acogió la puesta en marcha de los cursos de formación permanente para salesianos de España y Portugal. Se sentía identificado con la casa salesiana y con el pueblo de El Campello cuyo ayuntamiento le ofreció un homenaje de reconocimiento por su gran labor cultural y social.
Fernando fue un sacerdote salesiano ejemplar, entregado a la formación de los jóvenes, ilusionado con su vocación y hombre de gran corazón, amante de Don Bosco y ferviente propagador de la devoción a María Auxiliadora.
Ya había concluido el sexenio como director y aceptado la obediencia que lo destinaba a otra casa, cuando le sorprendió la muerte en forma de un infarto cardíaco el día 13 de junio de 1986. Tenía 56 años de edad. Hacía poco tiempo que había arreglado con mimo el panteón salesiano. Allí descansan sus restos esperando la resurrección de los muertos y el abrazo del Dios al que entregó generosamente su vida.