Flores Fernández, Francisco

Francisco Flores Fernández

Sacerdote (1912-1995)

Nacimiento: Hinojosa del Duque (Córdoba), 13 de abril de 1912
Profesión religiosa: San José del Valle, 8 de septiembre de 1934
Ordenación sacerdotal: Gibraltar, 12 de julio de 1942
Defunción: Sanlúcar la Mayor (Sevilla), 8 de agosto de 1995

Nació en la villa cordobesa de Hinojosa del Duque, de familia tan cristiana y clerical que podría hacerse un árbol genealógico de estirpe sacerdotal.

Con 10 años ingresa en los salesianos de Córdoba. Cuando tiene medio bachillerato realizado, pasa al seminario diocesano, donde estuvo hasta el año de la proclamación de la Segunda República. Entonces decide ingresar en la Congregación Salesiana y pasa a Montilla a hacer el aspirantado. El noviciado lo hace en el curso 1933-1934, año de la canonización de Don Bosco; en San José del Valle, profesa el 8 de septiembre de 1934 y pasa de inmediato por dos años a ser asistente de novicios. Realiza el trienio en Écija y Utrera e inicia los estudios de teología, que concluirá en Carabanchel Alto. Fue ordenado de presbítero el 12 de julio 1942 en Gibraltar.

Trabaja con los aspirantes en Montilla y en Antequera. Marcha a Cádiz como catequista de los aspirantes coadjutores y es confesor en el noviciado de Sanlúcar. Fue director de Arcos de la Frontera, Morón y Huelva, pero será en el aspirantado de La Palma del Condado, donde, en diversas etapas y con diversas responsabilidades, su estancia alcanza 22 años. Por circunstancias imprevistas, la muerte le sorprendería en Sanlúcar la Mayor.

Era un salesiano sonriente, afable y bondadoso, dispuesto siempre a ayudar, interesándose por todos y detallista. Hombre pacífico y pacificador, era centro de unión de los hermanos, que siempre encontraron en él a una persona serena, dialogante, cercana y amable.

Su labor salesiana está muy relacionada con la formación de los salesianos y con la dirección espiritual. Fue el clásico confesor, siempre disponible para religiosas y religiosos, grupos cristianos, encuentros juveniles, niños pequeños o adultos.

Gran devoto de María Auxiliadora, extendió su culto y devoción en los lugares donde trabajó, especialmente en La Palma del Condado. Piadoso y fervoroso, con mucha frecuencia se encontraba en la capilla, haciendo la visita al Santísimo o rezando el rosario; y cada noche, un momento antes de acostarse, para rezar Completas.

Como buen hijo de Don Bosco, destacaba su entrega total a los muchachos, se sentía feliz entre los niños y era un vigilante nato, recorriendo la casa, los pasillos, patios y campos de deportes, donde siempre se tropezaba con algún travieso oratoriano.

Concelebrando la eucaristía, en el momento del ofertorio, sin una enfermedad, sin un achaque, a sus 83 años cumplidos, el Señor encontró a don Francisco dispuesto y preparado para ir a concluir la eucaristía en el cielo. Procedente de su comunidad de Huelva, había venido al noviciado de Sanlúcar la Mayor para atender los servicios pastorales. ¡Y ahí lo esperaba el Señor! Era el 8 de agosto de 1995.