Fonfría Gómez, Esteban

Esteban Fonfría Gómez

Sacerdote (1907-1982)

Nacimiento: Barcelona, 19 de septiembre de 1907
Profesión religiosa: Sarrià, 16 de agosto de 1925
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 25 de junio de 1934
Defunción: Zaragoza, 14 de diciembre de 1982

Nació en Barcelona el 19 de septiembre de 1907. Sus padres lo matricularon en el colegio salesiano de Rocafort. Después pasó al de Sarrià, donde hizo el aspirantado, el noviciado, la primera profesión religiosa (el 16 de agosto de 1925) y los dos cursos de filosofía. El trienio lo hizo en Valencia-Calle Sagunto y en Villena y los estudios de teología en El Campello y Carabanchel Alto, donde fue ordenado de sacerdote el 25 de junio de 1934.

Ya sacerdote, fue enviado a Mataró, donde le sorprendió la Guerra Civil y fue enrolado entre los soldados de la república. Según él mismo contaba, a pesar del riesgo que entrañaba todo signo religioso, nunca se separó del crucifijo que llevaba sobre el pecho y que era recuerdo de su primera misa.

Terminada la guerra, reanudó su actividad educativa y pastoral en los colegios de Ciutadella, Huesca-San Bernardo, Valencia-San Juan Bosco, Alicante, Ibi, La Almunia de Doña Godina y, por último, la ciudad de Zaragoza. En todos ellos desplegó su labor educativa y religiosa como consejero, catequista y confesor.

Don Esteban fue un salesiano que se caracterizó por su entrega a la enseñanza y al servicio de la confesión. El aula y la iglesia fueron los dos centros de su vida, testigos de su labor paciente y amable.

Fue un salesiano observante y cumplidor, obediente y respetuoso con los superiores y los hermanos de comunidad, presente siempre en todos los momentos de vida comunitaria, en la oración, en las excursiones y en los ratos de distensión. Jamás dejó la misa diaria, el rezo del santo rosario y la lectura del breviario.

Al final de su vida, le tocó vivir tiempos de importantes cambios sociales, eclesiales y salesianos, quizá excesivos para sus años. Sin embargo, no se ancló en el pasado y en sus ideas, sino que se mostraba respetuoso con las opiniones de los demás, aceptando con talante abierto las distintas posturas.

Amaba la compañía de los hermanos y muchachos, entre quienes transcurría toda su jornada, totalmente doméstica, apegado a un sentido muy salesiano de la vida de familia.

Sus últimos años se sucedieron para él en paz y en silencio, dedicado a sus obligaciones comunitarias y al servicio de la capilla del colegio, volcado en el culto y la difusión de la devoción a María Auxiliadora. Murió sin hacer ruido, sin molestar, como fue su estilo de vida, de muerte rápida e imprevista, el día 14 de diciembre de 1982, a los 75 años de edad.

Sus restos reposan en el panteón salesiano de Zaragoza.