Ortega y de la Lorena, Juan

Juan Ortega y de la Lorena

Sacerdote (1894-1982)

Nacimiento: Barcelona, 30 de marzo de 1894
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 28 de julio de 1913
Ordenación sacerdotal: Alicante, 14 de julio de 1924
Defunción: Valencia, 1 de diciembre de 1982

Nació el 30 de marzo de 1894 en Barcelona en el seno de una familia acomodada y profundamente cristiana. Sus padres, Francisco y Elisa, entregaron al Señor tres hijos sacerdotes.

Tan pronto como conocieron la labor que realizaban las escuelas salesianas de Barcelona-Sarrià, allá enviaron a su hijo Juan con tan solo 10 años. Contagiado por aquel ambiente de piedad y de alegría de los primeros salesianos, pidió entrar en la Congregación. Marchó al aspirantado de El Campello y el 28 de julio de 1912 inició en Carabanchel Alto el noviciado que culminó con la profesión religiosa el 28 de julio de 1913.

A causa de los trastornos de la Primera Guerra Europea, su trienio en Vigo se convirtió en quinquenio. Tras ese período irá a Mataró para emprender sus estudios de teología, que acabará en El Campello en compañía de los dos únicos condiscípulos, don Mariano Huguet y don Antonio Mateo. El 14 de julio fue ordenado sacerdote por el obispo de Orihuela-Alicante, monseñor Irastorza.

Desarrolló su labor sacerdotal en Gerona, Sarrià, Huesca y Valencia, donde le sorprendió la Guerra Civil española, que pasó oculto con otros salesianos en el granero de la familia Albors, en el barrio valenciano de Orriols. Al acabar la guerra fue destinado a Alicante y a El Campello. Los últimos 30 años trabajó como vicario en la parroquia de San Antonio Abad de Valencia (1952-1982), donde murió el 1 de diciembre de 1982, a los 88 años, por una oclusión intestinal.

En la postguerra, mientras se encargó de la iglesia de María Auxiliadora de Alicante, trabajó incansablemente por la reconciliación de todos; las cárceles, los hospitales y las cuevas de los desheredados fueron escenario de sus desvelos y atenciones, compartiendo con ellos el escaso pan que la generosidad de algunas buenas gentes le hacía llegar. El Campello de aquellos tiempos fue también campo privilegiado de su labor sacerdotal y salesiana.

En su última etapa de Valencia se entregó por completo a la labor apostólica que siempre giró en torno al confesionario, la eucaristía, la devoción a María Auxiliadora y la atención a los enfermos y los pobres. Cada fin de semana más de 30 familias humildes recibían una generosa ayuda en víveres, en género o en metálico, que él o sus colaboradores recogían de familias pudientes. Hasta cuatro días antes de morir seguía con interés las incidencias de la entrega correspondiente al mes de noviembre.

Estableció los Jueves Eucarísticos, organizó la Acción Católica, daba las Buenas noches a sus feligreses, visitaba a enfermos y pobres, su confianza en María Auxiliadora fue como la de un niño con su madre. Frecuentemente colocaba a los pies de su imagen notas solicitando ayuda especial para sus pobres.

Don Juan fue un hombre sencillo, bondadoso, cercano a la gente. Al estar tan al lado de los pobres, aprendió a vivir en pobreza, poniendo cuanto era y tenía al servicio de los necesitados.