Francoy Palacín, Maximiliano

Maximiliano Francoy Palacín

Sacerdote (1904-1974)

Nacimiento: Arascués (Huesca), 29 de octubre de 1904
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 21 de julio de 1925
Ordenación sacerdotal: Toledo, 30 de mayo de 1931
Defunción: Atocha, 20 de enero de 1974

Don Maxi, como familiarmente fue conocido, nació en Arascués, pequeño pueblo aragonés, cercano a Huesca. Cursó los estudios elementales en las escuelas salesianas de aquella ciudad (1912-1916). Allí sintió la vocación y marchó al aspirantado de El Campello (1916-1920). Comenzó el noviciado en Madrid-Carabanchel Alto (1920-1921), pero no pudo profesar por problemas de corazón. Tras reponerse con su familia, estuvo en Orense como maestro y aspirante.

De nuevo en Carabanchel, realizó el segundo noviciado y profesó el 21 de julio de 1925. En su camino hacia el sacerdocio, pasa como formador y maestro de música por las casas de Astudillo y aspirantado de Madrid-Paseo de Extremadura. En 1930 es destinado como asistente de novicios, profesor y músico al noviciado-filosofado de Mohernando.

Tras ser ordenado sacerdote por monseñor Gregorio Modrego en Toledo el 30 de mayo de 1931, sigue en Mohernando como prefecto, profesor y maestro de música hasta 1934, año en que se traslada a Madrid-Atocha, también como prefecto. Durante la Guerra Civil, sufre persecución y cárcel. Fugado, sobrevive a esos años como improvisado capellán furtivo y confesor, alentando la vocación de salesianos, sobre todo jóvenes, en tan terribles circunstancias.

Terminada la guerra, es formador en el teologado de Carabanchel y, de nuevo, en Mohernando. En 1946 es nombrado director del aspirantado de Astudillo. Al año siguiente, pasa a ser el primer director del nuevo seminario de Arévalo. Terminado el sexenio, será director del teologado de Carabanchel Alto (1953-1959). Llevando un año como director de Madrid-Estrecho, el Rector Mayor le nombra inspector de Madrid para el sexenio 1960-1966. Posteriormente, será director del aspirantado de Carabanchel Alto (1966-1972), vicario y maestro de los aspirantes de Madrid-San Fernando (1972-1973) y confesor en el filosofado de Guadalajara (1973-1974).

Tras haber sido tratado de un tumor cerebral en el Hospital Francisco Franco de Madrid, muere en Atocha el 20 de enero de 1974, a la edad de 69 años.

Prácticamente, toda su vida salesiana transcurrió en las casas de formación. Inculcó la fidelidad a Don Bosco y supo animar y acompañar a un buen número de hermanos. Fue también notoria su insistencia en la oración y trabajo por conseguir abundantes vocaciones y por el seguimiento y la formación de las mismas.

Quizá el año 1961 marca su sello como inspector, al coincidir la inauguración de las casas de Ciudad Real y del nuevo teologado de Salamanca (por cuya consecución tanto había trabajado) y la división de las inspectorías de Madrid y Bilbao. Son los años del Concilio Vaticano II, en los que instará a ahondar en la vida de fe, amor a la Congregación, mantener un buen espíritu comunitario, fidelidad y observancia, valores que recalcó en sus intervenciones durante el XIX Capítulo General.

Como salesiano sacerdote, destacan su labor de dirección de almas a través de la confesión y del acompañamiento personal, su relación cordial y comunicativa, su austeridad de vida, su delicadeza en el trato con los hermanos, reconociendo y pidiendo perdón por alguna salida de tono debido a su carácter, en ocasiones, emotivo y primario. Proverbiales fueron tanto su indecisión a la hora de fijar las obediencias, como la bondad y el tesón reconocidos en querer e intentar acertar en lo mejor para cada hermano.