Yáñez Gómez, Eugenio

Eugenio Yáñez Gómez

Coadjutor (1890-1973)

Nacimiento: San Martín de Grove (Pontevedra), 26 de abril de 1890
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 25 de julio de 1915
Defunción: Gerona, 30 de diciembre de 1973

Nació en San Martín de Grove (Pontevedra) el 26 de abril de 1890 y perdió en seguida a sus padres. Un familiar suyo, cooperador salesiano, lo recogió y lo llevó al colegio salesiano de Sarrià.

Hizo el noviciado en Carabanchel Alto y profesó como coadjutor salesiano el 25 de julio de 1915. Estuvo un año en Valencia-San Antonio como maestro y después fue destinado a Gerona, donde pasó el resto de su vida.

Entre los estudiantes de filosofía, el señor Yáñez era el salesiano sencillo como un niño, sin doblez, que se marchó al cielo con la pena de no haber llegado a ser sacerdote. Fue la ilusión que amamantó hasta última hora. Víctima de ella, anduvo estudiando durante toda su vida y el pobre señor Yáñez, en su candidez, se sometía a la farsa de cómicos exámenes entre los estudiantes de filosofía o teología, una y otra vez… Por otra parte, su humilde sencillez constituía parte de la alegría de la casa.

Esta gran ilusión le daba vida en medio de sus profundos complejos, que él se esforzaba por vencer.

Lo que sí logró fue ser un buen jardinero y un buen maestro. Las flores eran su alegría. Su jardín era el mejor de la casa. Tenía flores en todo tiempo.

Él las cortaba satisfecho y las ponía en el altar de la Virgen, que cuidaba con mimo. Y entretejía hermosos ramos, que delicadamente colocaba en el comedor el día del santo de cada hermano.

Era también un buen maestro, paciente y paternal en los tiempos de la escuela-granja de Gerona; un modelo de educador sacrificado, asistiendo al patio y al dormitorio. Con qué interés cuidaba los juegos y cubría cualquier necesidad, yendo a pie a la ciudad, para llamar al médico, para buscar una medicina, para acompañar a la estación, para lo que fuera, en invierno, con sol o con lluvia.

«Estuve cerca de él, durante más de un año, en la Guerra Civil —afirma don Basilio Bustillo— y he de confesar que era un santo. Callado, trabajador, sufrido, pobre, casto y piadoso… Le vi muchas veces por las calles de Gerona, con un carrito de mano, llevando mercancías del almacén donde trabajaba. Muchos le conocían: se traslucía su condición. Pero nadie se metía con aquel santo, cargado de miedo y con una encantadora e inocente sonrisa. Vivía alegre. Con su mísero jornal y su gran miedo. Porque iba rezando y llevaba en su pecho a Jesús, a quien comulgaba cada mañana en el mismo pisito del “Carrer Nou, número 21”, donde viví en comunidad con don Luis Xancó, don Anastasio Martín…».

Cargado de años y de ilusiones, falleció en Gerona el 30 de diciembre de 1973 a los 83 años de edad.