Ernesto Venerado García González
Sacerdote (1924-1998)
Nacimiento: Viso de los Pedroches (Córdoba), 7 de septiembre de 1924
Profesión religiosa: San José del Valle, 16 de agosto de 1944
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 28 de junio de 1953
Defunción: Granada, 26 de noviembre de 1998
Nace en el Viso de los Pedroches el 7 de septiembre de 1924 en el seno de una familia cristiana.
En 1939 ingresa en el aspirantado de Montilla. En 1943 marcha al noviciado en San José del Valle. Allí emitió los primeros votos el 16 de agosto de 1944 y después cursa los estudios de filosofía allí mismo y en el estudiantado de Consolación de Utrera (Sevilla) hasta 1946. Es destinado a Montellano (Sevilla) para realizar el tirocinio práctico durante un curso. Y los otros dos años en el Hogar de San Fernando de Sevilla. La teología la estudia en Carabanchel Alto de 1949 a 1953. Es ordenado sacerdote el 28 de junio de 1953
Se estrena como sacerdote joven en el aspirantado de Montilla, por un año. En Córdoba (1954-1963) se le confían las aulas de primaria y de preparación al bachillerato, precisamente en los años que nace la nueva inspectoría. En el último año se le nombra consiliario regional de los antiguos alumnos.
De Córdoba pasa a Málaga como administrador (1963-1973), en un período no fácil del colegio. Es destinado después al colegio de Granada (1973-1978) como director de EGB y coincidiendo con el traspaso del Triunfo a la nueva sede de los salesianos en el Zaidín. También como director de EGB es enviado a Montilla (1978-1981). Destinado a Las Palmas de Gran Canaria durante cuatro años (1981-1985), desarrolla su labor de dirección y de pastoral con gran eficacia.
Vuelve, en el último tramo de su vida, al colegio de Granada (1985-1998) como profesor de EGB, reencontrándose con muchos profesores de su anterior etapa granadina. Sus relaciones eran cordiales, tanto para con los alumnos como con los profesores.
Ya jubilado, comenzó a dedicarse a otras tareas auxiliares y pastorales, como el confesionario y la biblioteca. Cuando no había llegado casi a iniciarlas, le sobrevino de modo inesperado la muerte. En la madrugada del 26 de noviembre, un fulminante infarto apagó su vida para siempre en 1998, a los 74 años de edad.
Ernesto dejó una estela de sencillez, bondad, humor y cordiales relaciones. Era un hombre organizado, trabajador y austero, sacerdote piadoso y atento a lo religioso.