Garolera Masferrer, Mateo

Mateo Garolera Masferrer

Coadjutor (1888-1936)

Nacimiento: Sant Miquel de Olladels (Gerona), 11 de noviembre de 1888
Profesión religiosa: Carabanchel Alto, 26 de julio de 1916
Defunción: Madrid, 2 de octubre de 1936
Beatificación: Roma, por el papa Benedicto XVI, el 28 de octubre de 2007

Mateo Garolera (sobre el apellido no concuerdan las fuentes: Garolera, Garulera, Garrulera; nosotros aceptamos el que consta en los documentos vaticanos) nació en un pueblo de la provincia de Gerona, Sant Miquel de Olladels, el día 11 de noviembre de 1888. En su pueblo pasó los primeros años de su vida haciendo de pastor y trabajando en el campo. Era hombre piadoso y bueno.

Cuando tenía ya 25 años, entró como empleado doméstico en la casa de Sarrià. Ganado por el ambiente de familia que reinaba en la casa, quiso quedarse definitivamente con Don Bosco y marchó a hacer el noviciado a Carabanchel Alto y al final profesó como coadjutor el 26 de julio de 1916.

Volvió ya como salesiano a Sarrià, pero estuvo en aquella casa poco tiempo, pues fue destinado a la nueva casa de La Coruña, donde estuvo desde 1917 a 1923. Allí asistió al paso de los salesianos de las llamadas «Escolas do Caldo», donde se atendía a unos niños pobres a los que se les daba una comida con sopa de caldo gallego, a la nueva sede del que sería el gran Colegio Don Bosco junto a la playa del Orzán.

De La Coruña fue enviado en 1923 a Orense, una casa es situación muy precaria que no acaba de arrancar, hasta el punto de que los superiores habían decidido cerrarla. Los acontecimientos políticos de los años treinta aconsejaron no cerrarla. Tal vez la intercesión del señor Garolera, que sería uno de los mártires de la guerra, obtuvo la bendición para aquella casa, que poco después se convertiría en uno de los bachilleratos salesianos grandes de España. Pasó allí seis años de mucha pobreza y de grandes sacrificios. Le gustaba enseñar catecismo a los niños pequeños, a la vez que atendía a los trabajos de la casa, que poseía una gran extensión de terreno cultivable.

En 1929 fue destinado al colegio de Atocha, donde entre otras tareas tenía la de recoger las limosnas de los cooperadores de la casa. Y en Atocha le sorprendió la Guerra Civil. El señor Mateo, igual que los demás salesianos de la comunidad, se vio sorprendido por las milicias en el asalto al colegio. Alineado con otros hermanos de cara a la pared, bajo la amenaza de los fusiles, sacó serenamente su rosario y comenzó a rezar. Alguien se lo tachó de imprudencia, pero él replicó: «¿Por qué nos vamos a avergonzar de parecer lo que somos?». Uno de los milicianos le instó amenazadoramente a que lo tirara, pero él se negó. «¡Qué importa que me maten —dijo—, más pronto iré al cielo!». Y siguió rezando.

La llegada de los guardias de asalto procuró la libertad a los salesianos. Don Mateo se dirigió entonces a la portería del domicilio de los condes de Plasencia, en la calle Juan Bravo, número 32, donde estuvo refugiado durante 15 días. Para no causar problemas a sus protectores, se procuró después alojamiento en la calle Santa Isabel, número 40, en casa de una cooperadora salesiana. También tuvo que marcharse de allí ante la manifiesta hostilidad de algunos vecinos del inmueble.

Parece que desde aquel momento se refugió en la pensión Loyola, donde lo detuvieron el día 1 de octubre de 1936. Al pedirle la documentación, don Mateo presentó unos libros religiosos. Su hablar lento y calmoso en el interrogatorio, sirvió a los milicianos para dictaminar: «Hasta en el habla se le conoce que es fraile». Inmediatamente fue arrestado y conducido a la checa de Fomento. En ella se encontró con los salesianos detenidos en la pensión Nofuentes. Pero la suerte final de don Mateo permanece velada. Probablemente, fue fusilado el 2 de octubre de 1936.